Adiós a Paco Ron, el cocinero de la eterna sonrisa. Esa que nunca perdió, a pesar de la enfermedad que le obligó a retirarse de los fogones hace tres años. Tenía 68 años. De vez en cuando se le seguía viendo por el restaurante Viavélez, en Madrid, un negocio que abrió junto a su hermana Sara en 2007, después de haber convertido la Taberna de Viavélez, en el occidente asturiano, en una referencia de la gastronomía española y en una embajada de los productos del Cantábrico. Ron, madrileño de nacimiento, era un enamorado de esta villa marinera, la localidad donde nació la novelista Corín Tellado. También elevó la cocina popular asturiana a la categoría de epopeya, convirtiendo platos tradicionales y humildes en una historia de excelencia y prestigio.Tanto es así que en 1999 recibió una estrella Michelin, la primera para el occidente asturiano, una comarca que entonces aún permanecía al margen de los grandes circuitos de la alta gastronomía. Dio prestigio y notoriedad a toda la comarca, aunque la escasez de clientes acabó haciéndole desistir de aquel empeño, casi tan romántico como muchas de las novelas de la ilustre escritora nacida en el pueblo.Perteneció a esa generación de cocineros silenciosos que no buscaba la fama ni el brillo, sino hacer buenos fondos y caldos, la base de una cocina sólida y sincera. En la memoria de muchos quedarán platos que bordaba con maestría, como el bonito con salsa de chocolate y piña o las patatas a la importancia con almejas. Fue arriesgado y atrevido. Ya en los años noventa concebía recetas como el gazpacho con sardinas y gelatina de pepino o la pizza de foie mi-cuit, pastel de queso, setas y compota de manzana y tomate.Aunque se trasladó a Madrid, nunca se desvinculó de Asturias, donde en ocasiones se le podía ver en la playa de Vega junto a su gran amigo Nacho Manzano. De hecho, fue uno de los impulsores de la Nueva Cocina Asturiana (NUCA), el movimiento con el que se intentó renovar la gastronomía del Principado. Formaban parte de él José Antonio Campoviejo, fue en su casa, El Corral del Indiano, en Arriondas, donde se creó la asociación; Pedro Martino, hoy al frente del restaurante homónimo en Caces, a las afueras de Oviedo; y el propio Manzano, al frente de negocios como Casa Marcial, con tres estrellas Michelin, en La Salgar (Parres), y Narbasu, en Cereceda. Comenzó a trabajar en una pizzería y como ayudante en restaurantes como Dómine Cabra, antes de pasar por algunos de los fogones más prestigiosos de España, entre ellos Arzak, Aldebarán, Alameda, Martín Berasategui, El Celler de Can Roca, Atrio y El Cenador de Salvador. El mundo de la gastronomía llora hoy la pérdida de Ron, un cocinero honesto y fiel a su estilo, capaz de evolucionar con los tiempos sin renunciar a su identidad. Supo incorporar nuevas influencias y tendencias a su recetario, siempre con un sello propio, como demostró con platos como su celebrado taco de cochinita pibil. Todo ello con un único objetivo: satisfacer al cliente. Su legado perdurará en quienes compartieron su mesa, aprendieron de su oficio o disfrutaron de una cocina que contribuyó a cambiar la gastronomía asturiana. El mundo de la gastronomía llora hoy la pérdida de Paco Ron. Pero en Viavélez, en Madrid y en la memoria de quienes lo conocieron, seguirá vivo el recuerdo de aquel cocinero que demostró que desde un pequeño puerto pesquero también se podía hacer historia.
Muere Paco Ron, a los 68 años, el último romántico de la cocina asturiana
Consiguió una estrella Michelin en Viavélez, un pequeño puerto marinero que situó en el mapa gastronómico de España. Fue un gran cocinero de fondos, caldos y producto, pero también un hombre de sonrisa eterna









