Las bandejas pesan más al final de la jornada. No solo por las horas acumuladas, sino por todo lo demás: apuntes pendientes, alquileres imposibles, matrículas universitarias, mensajes sin responder y despertadores que volverán a sonar demasiado pronto. Para miles de estudiantes, la hostelería es el lugar donde la vida adulta empieza antes de tiempo.Entre cafés servidos con prisas, cierres de madrugada y turnos que se alargan más de lo previsto, muchos estudiantes intentan sostener algo más que un sueldo: su futuro. Es entonces cuando muchos de ellos experimentan en primera persona la precariedad. La alta rotación, la temporalidad y las jornadas irregulares son la norma en estos primeros trabajos. “Muchas veces es un primer empleo en el que no tienes suficientes conocimientos ni recursos para saber qué es legal y qué no, así que simplemente tiras adelante”, explica Carla Ocaña, estudiante de interpretación que actualmente combina sus estudios con un trabajo para poder costearlos.En un primer empleo no tienes suficientes conocimientos ni recursos para saber qué es legal y qué no, así que simplemente tiras adelanteCarla OcañaEstudianteLa hostelería es la puerta de entrada al mercado laboral de muchos jóvenes Manuel Bruque / EFELa generación Z, a menudo reducida al cliché de la “generación de cristal”, es también la más formada de la historia. Y al mismo tiempo, una de las que más dificultades encuentra para independizarse. Para poder pagarse estudios, proyectos personales o simplemente seguir adelante en ciudades cada vez más caras, muchos jóvenes acceden por primera vez al mercado laboral a través de la hostelería.Lee tambiénNo es algo nuevo. Otras generaciones también trabajaron mientras estudiaban. Históricamente, la puerta de entrada ha sido el sector servicios, y a menudo en condiciones precarias. Pero haber normalizado durante décadas estas condiciones no las convierte en aceptables. Detrás de cada turno doblado, de cada hora extra sin cobrar o de cada nómina que llega tarde, hay jóvenes intentando construir una vida en un contexto donde trabajar ya no garantiza estabilidad ni independencia. Ni siquiera tranquilidad. Muchos de ellos encadenan empleos precarios mientras siguen sin poder permitirse una vivienda, lo que agrava una sensación de frustración generacional que va mucho más allá del ámbito laboral.El malestar laboral aumenta cuando el contexto económico es asfixiante. El aumento del coste de vida, causado principalmente por la crisis de la vivienda, ha tensionado aún más la realidad de los jóvenes. Actualmente, los menores de 30 años tendrían que destinar más del 90% de su salario para poder alquilar una vivienda en solitario, una cifra inasumible. La consecuencia es una emancipación juvenil en mínimos históricos: apenas un 15% de los jóvenes vive fuera del hogar familiar. En paralelo, el acceso a la propiedad también se ha desplomado. Solo el 27% de los jóvenes tiene vivienda en propiedad a los 30 años, muy lejos del 60% que alcanzaban generaciones anteriores.1Ámbar Toomey (24 años)“Me pagaban entre el día 10 y el 15; no sabía exactamente cuándo iba a cobrar ni si recibiría la nómina completa o una parte”Ámbar, una joven de Tarragona que se trasladó a Barcelona para estudiar, lo vivió en primera persona. “Cobraba 600 euros al mes y más de la mitad se me iba en la universidad; me quedaba prácticamente sin nada para pagar el piso y la comida”, relata. Al contrario de lo que pueda parecer, no era un contrato a media jornada. La irregularidad iba mucho más allá del salario. Durante más de medio año cobró de forma inestable y fuera de plazo. “Me pagaban entre el día 10 y el 15; no sabía exactamente cuándo iba a cobrar ni si recibiría la nómina completa o una parte, dejando el resto para más adelante”. Mientras tanto, seguía mirando la cuenta bancaria cada mañana para comprobar si ese mes podría pagar el alquiler a tiempo. Su experiencia no terminó ahí. Cuando decidió dejar el trabajo y comunicar los 15 días de preaviso, la empresa intentó sustituirlos por días de vacaciones pendientes. Según el convenio de hostelería en Catalunya, el salario debe abonarse de forma puntual y en las condiciones acordadas, algo que en su caso no se cumplía. Por otra parte, las vacaciones deben acordarse entre empresa y trabajador, y no pueden utilizarse unilateralmente para evitar el cumplimiento del preaviso.¿Qué dice la ley sobre estas situaciones?Las experiencias relatadas por los entrevistados no son casos aislados. Según explica el abogado Pablo de Palacio, muchas de las irregularidades que se producen en hostelería afectan especialmente a trabajadores jóvenes que todavía desconocen cuáles son sus derechos o temen reclamarlos.Una de las prácticas más frecuentes es el pago irregular de las horas extras. “Muchos negocios las pagan en efectivo, sin incluirlas en nómina ni cotizar por ellas”, señala. En un sector marcado por la temporalidad y la alta rotación, estas dinámicas suelen normalizarse rápidamente entre quienes acceden a su primer empleo.El desconocimiento juega un papel clave. “Es muy habitual que los jóvenes no conozcan sus derechos, lo que facilita los abusos por parte de los empleadores”, explica. A esto se suma el miedo a perder el trabajo, especialmente cuando se trata de empleos temporales o del primer contacto con el mundo laboral.El retraso continuado en el pago del salario, como ocurrió en el caso de Ámbar, también puede tener consecuencias legales. Según De Palacio, recibir la nómina con demoras reiteradas puede considerarse un incumplimiento grave por parte de la empresa y permitir al trabajador extinguir el contrato con derecho a indemnización.La legislación laboral también fija límites claros sobre las jornadas y los descansos. El Estatuto de los Trabajadores establece una jornada máxima de 40 horas semanales de promedio anual y obliga a respetar un mínimo de 12 horas entre el final de una jornada y el inicio de la siguiente.Hay situaciones que no se detectan porque el trabajador tiene miedoPablo de PalacioAbogadoPese a ello, muchas de estas vulneraciones no llegan a denunciarse. “Hay situaciones que no se detectan porque el trabajador tiene miedo”, afirma el abogado, que considera insuficiente el nivel de inspección laboral en algunos ámbitos de la hostelería.Desde sindicatos del sector llevan años alertando de problemas similares: jornadas que superan el horario pactado, horas extras no remuneradas y cambios de turno comunicados con escaso margen forman parte de algunas de las denuncias más repetidas entre trabajadores jóvenes y estudiantes.2Ainara Asencio (23 años)“Hacía turnos de 13 horas seguidas con solo una hora de descanso”Ainara Asencio explica que, desde que empezó a trabajar en hostelería, se ha topado de forma recurrente con falta de empatía, jornadas abusivas y una clara sobrecarga laboral. “Hacía turnos de 13 horas seguidas con solo una hora de descanso”, cuenta. Además, no se respetaban las 12 horas mínimas de descanso entre jornadas.Con el tiempo, estas condiciones acabaron afectando a su salud mental. Ainara desarrolló ansiedad y tuvo que dejar su trabajo por prescripción médica. “En mi último trabajo no tenía malas condiciones, pero ya arrastraba mucho desgaste acumulado”, explica ahora, con 23 años.Especialistas en salud mental señalan que la exposición continuada a estrés laboral, jornadas imprevisibles y falta de descanso puede terminar generando cuadros de ansiedad, agotamiento emocional y problemas de sueño, especialmente en trabajadores jóvenes que todavía están construyendo sus rutinas de estudio y vida personal.3Joan (26 años)“Cuando empiezas joven, lo único de lo que vas sobrado es de ganas”Joan empezó con 17 años en sus primeras prácticas de cocina, justo después de estudiar en la escuela de hostelería. Un año más tarde llegó a lo que todavía recuerda como “la mejor casa posible”. “Éramos un equipo, me cuidaban y aprendí en un ambiente sano”, explica. Y recalca la palabra “sano”, no como sinónimo de poca exigencia, sino como ejemplo de que presión y respeto no tienen por qué ser incompatibles dentro de una cocina. Pero no todas sus experiencias fueron iguales. “Me despidieron justo después de volver de una baja médica que tuve que coger porque mi jefe me hizo accidentalmente un corte en el dedo. La lesión me dejó una semana fuera de los fogones”, relata.Despedir a un trabajador por haber cogido una baja médica puede considerarse improcedente o incluso nulo si la empresa no logra justificar otras causas ajenas al estado de salud del empleado. El caso de Joan refleja también otro problema frecuente entre quienes empiezan a trabajar: el desconocimiento de sus derechos laborales. Muchos no saben identificar cuándo un despido puede ser ilegal, qué condiciones deben cumplirse para que sea procedente o qué opciones existen para reclamar.4Sergi (20 años)“Cobraba 8 euros la hora y llegaba a hacer 50 horas a la semana”Sergi entró en el mundo de la hostelería para poder pagarse la carrera de ingeniería mecánica. Acabó en un restaurante donde asegura haber vivido “ansiedad y estrés constante” hasta su despido. Relata cambios de horario sin margen legal, presión constante, amenazas relacionadas con las propinas y jornadas que terminaban mucho más tarde de lo previsto. También asegura haber cobrado horas extras en efectivo y fuera de nómina. “Al ser joven y tu primer trabajo piensas que es ‘lo que hay’”, explica.Aunque quiso denunciar algunas de estas situaciones, finalmente no llegó a hacerlo por desconocimiento y miedo a las consecuencias. Aun así, considera importante hablar de ello. “Obviamente no somos la única generación que ha sufrido estos abusos, pero que ocurriera antes no exime de que sigamos mirando hacia otro lado”.Las cosas que sumanUna escuela de vidaTodos los entrevistados coinciden en algo: la hostelería no es solo un trabajo duro; también puede convertirse en una escuela de vida. Les enseñó a comunicarse, a trabajar bajo presión, a convivir con personas muy distintas y a crecer rápido. “La hostelería te enseña que incluso en el caos puede existir compañerismo, y que detrás de cada jornada larga siempre queda la satisfacción de haber formado parte de la vida de cientos de personas, aunque solo haya sido por unas horas”, reflexiona Ainara AsencioNinguno se arrepiente de haber pasado por ella. Muchos recuerdan esa etapa con cariño. Porque, pese a las malas experiencias que algunos han vivido, la hostelería no siempre es abuso ni precariedad. También puede ser aprendizaje y oportunidades. “Poder aprender y trabajar en cocina para mí fue una gozada”, relata Joan desde su actual trabajo.Pero precisamente por eso, quienes mejor conocen el sector son también quienes más insisten en la importancia de saber poner límites, conocer los derechos laborales y aprender a detectar desde el principio aquello que nunca debería normalizarse. Porque para muchos jóvenes, la cuestión no es que trabajar en hostelería sea duro, sino que la precariedad deje de percibirse como un problema social y se entienda como una parte inevitable para crecer como persona.
Jóvenes que estudian y trabajan, y ni aun así prosperan: “Al ser tu primer trabajo piensas que es lo que hay”
Muchos jóvenes encadenan empleos precarios mientras siguen sin poder permitirse una vivienda, lo que agrava una sensación de frustración generacional que va mucho más allá del ámbito laboral














