"Voy a decir lo que siempre dicen. Antes lo ten�an mucho m�s f�cil", asegura Jan Rodr�guez D�az (18 a�os). Con 30 a�os, sus padres hab�an podido comprar el piso que tienen hoy en L'Hospitalet de Llobregat a trav�s de una hipoteca a 10 a�os -que ya han terminado de pagar-, mientras que los alquileres que tuvieron antes no apretaban sus bolsillos."Mis padres ten�an trabajos normales, no ten�an un s�per salario. Mi madre es dependienta en el Corte Ingl�s y mi padre es inform�tico", cuenta Rodr�guez D�az, pero hoy, �l dedica dos horas cada d�a al metro para ir y volver a la universidad porque no puede conseguir un piso m�s cerca a causa de los altos precios. "Una residencia cuesta 1.000 euros y debes pagar tu comida y lo dem�s. Un piso por menos de 300 euros comparti�ndolo es imposible y tampoco califico para una beca", menciona. En la ciudad, tendr�a que pagar alrededor de 2.160 euros por alquilar un piso de 90 metros cuadrados, seg�n Idealista.Hoy los j�venes disfrutan de las ventajas que traen los avances tecnol�gicos, una mayor igualdad y m�s derechos civiles, aspectos que, en muchos casos, sus padres y abuelos no conocieron o solo alcanzaron de forma parcial. Sin embargo, ese mayor margen de libertades convive con barreras econ�micas que bloquean el desarrollo de muchas vidas. "El futuro ha dejado de ser una promesa para convertirse en una amenaza", asegura el informe J�venes, vivienda y futuro realizado por Ipsos Public Affairs en colaboraci�n con la plataforma Talento para el Futuro para Ikea, y la crisis de la vivienda es solo una de sus manifestaciones que retrasa decisiones vitales y reconfigura el paso a la edad adulta.De hecho, el acceso al mercado inmobiliario ya es el principal problema para el 37% de los espa�oles, seg�n el �ltimo bar�metro del Centro de Investigaciones Sociol�gicas (CIS). Y para Rodr�guez D�az, es lo que hace que vea su futuro "muy negro": "Conozco a una chica que cobra much�simo, como 4.000 euros, y le alcanza para un piso compartido. Realmente no s� qu� me espera a m�".Una dificultad que no se queda ya en el segmento del alquiler, donde incluso arrendar una habitaci�n significa destinar m�s de 500 euros en las grandes ciudades -como Madrid, Barcelona o San Sebasti�n-; sino que cualquier participaci�n en el mercado inmobiliario cay� un 18,5% desde 2024, mientras que la de quienes suman entre 35 y 44 a�os aumenta desde el 35 % al 40 % este a�o. As� lo confirm� Fotocasa en la Radiograf�a del mercado de la vivienda en el segundo semestre de 2025.Y es justo la dificultad de acceso a la vivienda "lo que est� generando m�s diferencias", explica Pilar Blasco, vicepresidenta del Consejo de la Juventud de Espa�a (CJE), que apunta que no se queda aislado, sino que est� ligado a la construcci�n de los proyectos de vida: "Lo que est� haciendo ahora es retrasar que la gente joven pueda tener su propio proyecto".Ignacio Ladr�n de Guevara, residente en la ciudad de M�laga.MARTIN MESAPor esto, solo el 15,2% de los menores de 30 a�os en Espa�a vivieron fuera del hogar familiar en el segundo semestre de 2024, seg�n los �ltimos datos del Observatorio de Emancipaci�n del CJE, lo que implica que 102.203 j�venes no lograron emanciparse respecto al mismo periodo del a�o anterior. Uno de esos casos es Ignacio Ladr�n de Guevara (27 a�os), que vive en la casa de su familia en la ciudad de M�laga."Lo m�s cerca que estuve a independizarme fue un a�o que estuve haciendo el Sicue (Sistema de Intercambio entre Centros Universitarios de Espa�a)en la Universidad de Salamanca", recuerda. En este tiempo, su familia le ayud� con los gastos, pero �l tambi�n puso ah� todos los ahorros que ten�a. "Me parece que como m�nimo tardar� cinco a�os en emanciparme y tan solo lo conseguir� si voy a otra ciudad porque en M�laga, en la pr�ctica, es imposible", dice el joven graduado en Filosof�a que solo ha conseguido trabajos temporales con salarios bajos y varias veces sin paga.Y es que no es solo el encarecimiento de la vivienda lo que impide que los j�venes se independicen, sino que a esto se le unen los bajos salarios en un contexto de precariedad laboral. Seg�n el CJE, casi uno de cada cinco j�venes con empleo est� en riesgo de pobreza, pese a la subida del salario mediano y quienes perciben un sueldo deben destinar el 92,3% de sus ingresos para alquilar en solitario. "A d�a de hoy, con mi pareja, que es traductora, y yo que estoy en atenci�n al cliente, sumando nuestros salarios no podemos ni mantenernos a nosotros mismos", reconoce Ladr�n de Guevara, que recuerda que su padre, prejubilado, sac� adelante econ�micamente a su familia de cinco con su salario de bibliotecario.El CJE reconoce que en cuanto al mercado laboral s� hay signos de mejora, pero la precariedad a�n esta presente. Entre los menores de 25 a�os, el desempleo sigue en el 24,9% y un 35,5%de quienes trabajan compaginan su empleo con estudios. Por otro lado, el 36,2% de la juventud ocupada est� sobrecualificada para su puesto.Helena Rodr�guez (23 a�os) trabaja desde los 16 a�os a tiempo parcial para pagarse sus estudios en Matar�. "Vengo de una familia bastante humilde y, en general, toda mi vida ha dependido de que yo me pueda sustentar porque mis padres llegan a donde llegan", se�ala.Helena Rodr�guez, residente en Matar� (Catalu�a).MARGA CRUZA trav�s de una beca pudo estudiar el curso pasado un m�ster en Londres y regres� a su ciudad "con la esperanza de conseguir un empleo digno", recuerda. Pero nada m�s lejos de la realidad. "Estuve meses enviando CV, aunque solo encontraba ofertas de pr�cticas -normalmente no remuneradas- o empleos poco cualificados", se�ala Rodr�guez, y asegura que hay una falta de oportunidades para quienes est�n "megacualificados" y buscan crecer en lo que han estudiado.Finalmente Rodr�guez pudo conseguir un empleo de seis meses de investigaci�n en la c�tedra de Econom�a social en un centro a trav�s de contactos que hab�a hecho a�os antes. "La gran mayor�a de mis compa�eros de clase est�n a�n buscando trabajo y es infernal", lamenta.Una situaci�n que contrasta con la de sus padres, que cuando terminaron la educaci�n obligatoria, trabajaron en empresas familiares y ahorraron. "Ellos muy j�venes, con 21 y 26 a�os, se casaron y se pudieron independizar. Empezaron con un piso peque�ito hasta el piso que tenemos ahora", cuenta, y asegura que es lo que a ella le gustar�a hacer con su pareja, con la que lleva seis a�os, pero la inestabilidad de sus contratos y los precios no les permiten ni siquiera acceder a una hipoteca a pesar de tener ahorros. "Si fuera por nosotros, ya estar�amos viviendo en alg�n apartamento peque�o en Matar� que nos permita empezar nuestro proyecto de vida, pero nos es imposible. No nos queda otra que seguir esperando, aunque ya no s� bien qu� espero de una situaci�n tan incierta e injusta", dice.Desde la perspectiva reproductiva, la maternidad o paternidad entre quienes tienen de 18 a 29 a�os es "pr�cticamente irrealizable", dice el informe Juventud en Espa�a 2024: entre la emergencia y la resiliencia realizado por el Instituto de la Juventud (Injuve) adscrito al Ministerio de Juventud e Infancia. Seg�n sus datos, en 2008 el 88% de este grupo no ten�an hijos, pero desde 2019 este porcentaje est� estancado en el 92%. Mientras tanto, en Espa�a la media de hijos por mujer es de 1,16, y aunque la mayor�a querr�a tener dos descendientes, "el n�mero de j�venes que no quieren ser padres se sit�a en 16% y los que solo desean un descendiente ha pasado del 15,1% en 2019 al 17% en 2023", sostiene el documento.Adem�s de una emancipaci�n tard�a -en 30 a�os seg�n Eurostat-, "esta cada vez es m�s precaria", apunta Margarita Guerrero, directora general del Injuve, que explica que se da m�s en habitaciones compartidas porque la vivienda est� funcionando como "una especie de aspiradora de recursos" de los salarios j�venes. Esto "condiciona la posibilidad de pensar en tener una familia", se�ala."Estoy muy segura de que se si voy a tener hijos ser� porque tengo una situaci�n econ�mica que me acompa�a y me asegura que van a estar bien atendidos econ�micamente", afirma Sof�a Giraldo (25 a�os). Una situaci�n que hasta el momento no ha llegado. Estudi� la carrera de Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos e hizo un m�ster en Comunicaci�n Pol�tica en Barcelona. Encontr� un trabajo con contrato indefinido a inicios de este a�o en Madrid, pero ten�a un salario de alrededor de 17.000 euros brutos al a�o. "Era menos de lo que esperaba, pero pod�a empezar por alg�n sitio", cuenta. "Pero enseguida me di cuenta de que no hab�a ning�n tipo de intenci�n de subir mi sueldo despu�s y que solo me ten�an por ser mano de obra barata".Sof�a Giraldo, residente en Madrid.Sergio Gonzalez ValeroEsta situaci�n le llev� a cambiar de sector "para intentar ganarme mejor la vida", encontr� otro m�ster y tuvo que volver a depender de su familia. Rodr�guez recuerda que sus padres ya se hab�an casado con 28 a�os y un a�o despu�s tuvieron a su hermano mayor. "Se independizaron bastante j�venes y, por lo que hemos hablado, no tuvieron mucho problema para encontrar un trabajo estable", cuenta. "Nosotros no vamos a tener la vida que pudieron tener nuestros padres que se compraban pisos antes de los 30 a�os".Fuera de los aspectos locales, el contexto geopol�tico, tanto los conflictos b�licos como las crisis sanitarias, no solo tienen repercusiones econ�micos, sino que aumentan la incertidumbre de los j�venes. "Afecta a la inseguridad y a la incertidumbre de decir qu� futuro vamos a tener", asegura la vicepresidenta del CJE."Intento no ser tan pesimista, pero si ves el contexto pol�tico de guerra o hambruna dices 'a lo mejor me estoy preocupando por comprar una casa pero de aqu� a 15 a�os con el cambio clim�tico ya no estamos aqu�'", reconoce Elena Mart�nez (28 a�os). Mientras tanto, ella tiene un trabajo con contrato indefinido y un salario competitivo, pero a�n as� no puede acceder a una vivienda en propiedad en Madrid, por lo que vive de alquiler compartido y se enfrenta al "miedo de no poder poder decirle al casero que han salido humedades por el miedo a las represalias o aumentos de precio", reconoce.Sentir que antes la vida era m�s f�cil es com�n entre las nuevas generaciones, sobre todo entre por el acceso a una vivienda. No a modo de enfrentamiento, sino como evidencia de que las pol�ticas no han sido suficientes para mitigar las crisis econ�micas que ya eran complicadas. "Cuando discuto con mis padres me dicen que a lo mejor nos quejamos mucho. Suelen decir que viajamos m�s o que tenemos m�s tonter�as a lo que ellos tuvieron, pero luego ven los datos y ellos a mi edad ya se hab�an podido comprar una casa. Yo no lo tengo para nada ni tan cerca", ilustra Mart�nez.En t�rminos generacionales, esta es la base de la brecha. "No hay un entendimiento de los problemas de la juventud. Muchos creen que son cosas de ni�os", explica la vicepresidenta del CJE, aunque son problemas que si no se resuelven ahora, terminar�n por afectar a las futuras generaciones y, en muchos casos, son aspectos que afectan tanto a j�venes como mayores. Sin embargo, "lo que recibimos de parte de ciertas personas adultas es que si no tenemos una casa es porque nos vamos de viaje o porque contratamos mensualmente plataformas como Netflix, y esto influye mucho en la percepci�n y en la relaci�n que tenemos entre distintas generaciones cuando nosotros defendemos que hay muchos problemas que son compartidos", se�ala Blasco.Por esto, la falta de acceso a la vivienda, como principal veh�culo para generar riqueza, la entrada a un mercado laboral precario, la emancipaci�n tard�a, el retraso para generar familias y el contexto geopol�tico "genera un c�ctel perjudicial para el desarrollo de la vida de las personas j�venes", afirma Blasco.Eso s�, la directora general del Injuve recalca que, aunque se vea un desequilibrio con las generaciones que pudieron acceder a la vivienda en propiedad sin necesidad de "hipotecar toda su vida laboral", no se debe dejar de lado el desequilibrio que se genera en t�rminos de clase porque tambi�n hay mayores que acceden al ingreso m�nimo vital, a las condiciones precarias del mercado del alquiler y que se encuentran en situaci�n de pobreza y exclusi�n social: "Necesitamos que las generaciones m�s j�venes tengan mejores salarios, empleos de calidad y que puedan acceder a condiciones dignas a la vivienda, pero tambi�n que las personas que trabajaron toda su vida puedan acceder a una pensi�n digna".