Apenas el 15,2% de los jóvenes menores de 30 años logra vivir por su cuenta en España, la tasa de emancipación más baja desde que hay registros (2006). La principal razón de que tantos jóvenes sigan en el hogar familiar bien pasada la etapa de formación estriba en los altos precios tanto de compra como de alquiler de una casa. Y aunque la crisis de la vivienda es un problema generalizado en el mundo desarrollado, en el caso de España golpea con especial dureza a los jóvenes: ni un mayor nivel de estudios ni un empleo estable garantizan la posibilidad de poner en marcha un proyecto vital independiente. Más pronto que tarde, esa tormenta perfecta que combina precariedad laboral, falta de recursos y la imposibilidad de acceder a una vivienda va a acabar por hacer inabarcable la brecha entre generaciones y desatará una verdadera crisis social.
El Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE) acaba de poner cifras a esta realidad. Un joven debería destinar el 92,3% del sueldo medio (1.170,54 euros al mes) para irse a vivir solo de alquiler en España. Es decir, que no puede. Los bajos tipos de interés y el acceso al crédito permiten, contra toda lógica de mercado, que sea más asequible comprar: el pago de la hipoteca supone en comparación el 64,1% del sueldo. En el bien entendido de que antes hay que ahorrar una entrada, para la cual haría falta el sueldo íntegro de más de cuatro años de trabajo. La Ley de Vivienda recomienda que los gastos destinados a la casa no superen el 30% de los ingresos para mantener unas condiciones asequibles. Se trata de una recomendación absolutamente irreal en la España de 2025.






