La subida del alquiler y el aislamiento social de la población mayor impulsan iniciativas que promueven compartir piso entre diferentes generaciones

Dos crisis se ceban sobre miles de personas: la de la vivienda y la de la soledad. Los efectos de la primera se han extendido a prácticamente todas las franjas de edad, aunque son los jóvenes los que más sufren el impacto: retrasan su emancipación —hasta los 30 años, una de las más altas de la Unión Europea— por los altos precios de ...

los alquileres. La segunda afecta a las personas mayores que viven sin compañía, muchas veces con pensiones ajustadas y con una sensación creciente de soledad y aislamiento social, una amenaza para la salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El día que Alina Sarkisian, estudiante rusa de Ingeniería Naval de 21 años, se trasladó de Girona, donde residía con su familia, a la casa de Paloma López, de 74 años, no estaba simplemente resolviendo un problema de alojamiento en Madrid. Era 8 de diciembre de 2025 y ambas comenzaban una convivencia que ilustra una de las paradojas más visibles de nuestro país: jóvenes que no pueden pagar un alquiler y personas mayores que viven en casas con habitaciones vacías.