Los resultados de PISA 2025 volvieron a poner bajo la lupa el aprendizaje de los estudiantes ecuatorianos. En matemática, apenas dos de cada diez alcanzan o superan el nivel mínimo de competencia establecido por la evaluación.Ecuador obtuvo 366 puntos en matemática, 385 en lectura y 393 en ciencias. En las tres áreas se ubicó por debajo del promedio de la OCDE, que alcanzó 463, 461 y 482 puntos, respectivamente.Pero el problema no es exclusivamente ecuatoriano. PISA muestra que el rendimiento educativo también ha caído a escala internacional y que varios sistemas enfrentan dificultades para recuperar los niveles registrados antes de la pandemia. PublicidadLa prueba tampoco busca determinar simplemente quién sabe o no sabe una materia. Evalúa la capacidad de los estudiantes para utilizar sus conocimientos, razonar, interpretar información y resolver problemas en situaciones concretas.Para Leonidas Prieto, presidente de la Federación de Establecimientos Particulares Laicos del Guayas (Fedepal), esa diferencia es clave para entender el resultado ecuatoriano.“Persistimos en una clase de matemáticas tradicional, en la que vemos solamente números y no estamos razonando la lógica ni aplicando la practicidad de ese conocimiento”, dijo.PublicidadPublicidadPrieto explicó que aprender matemáticas debería significar también poder utilizarla en situaciones cotidianas. Puso como ejemplo algo tan sencillo como calcular el vuelto de una compra: entregar un dólar por un producto de 80 centavos y comprender cuánto corresponde recibir. “La enseñanza significativa es eso: aplicarlo para que me sirva para mi vida”, señaló.La importancia de la educación básica elementalEl problema, según Prieto, tampoco comienza a los 15 años. PISA evalúa a estudiantes de esa edad, pero las dificultades de aprendizaje pueden acumularse desde los primeros años de escolaridad.“Si un niño no aprende a leer comprensivamente y no aprende razonamiento o las operaciones básicas en los primeros años de estudio, se complica todo”, explicó.Por eso, Prieto planteó que la respuesta debe comenzar en la educación básica elemental y no esperar hasta el colegio para intentar corregir los rezagos. “Estos problemas deben empezar desde la primaria a resolverse de manera seria”, dijo.El otro cambio que planteó está relacionado con la forma de organizar la enseñanza. Para Prieto, no todos los estudiantes de una misma edad tienen necesariamente el mismo nivel de aprendizaje. “Todos los estudiantes son diferentes y no todos aprenden de la misma forma”, afirmó.PublicidadSu propuesta es avanzar hacia una educación personalizada, en la que el punto de partida sea lo que realmente sabe cada alumno. Comparó el modelo con la enseñanza del inglés, donde los estudiantes son ubicados según su nivel y no únicamente por su edad.En matemática, explicó, un estudiante que todavía tiene dificultades con la multiplicación o la división necesita una estrategia distinta de otro que ya domina esas habilidades, aunque ambos estén en el mismo grado.“La enseñanza matemática también debería aterrizarse a la realidad del estudiante de ese momento”, planteó.Estrategias para fomentar la lectura comprensivaEsa misma lógica, dijo Prieto, debería aplicarse a la lectura. En Ecuador, el 38 % de los estudiantes alcanza o supera el nivel mínimo de competencia en esta área, una proporción mayor que la registrada en matemática, pero que también evidencia dificultades de aprendizaje.Para el representante de Fedepal, una parte del problema está en la manera en que se intenta acercar a los estudiantes a los libros. Cuestionó que todos deban leer necesariamente la misma obra sin considerar sus intereses.Su propuesta es que los textos también se adapten a los gustos y al contexto de cada alumno. Caricaturas, literatura fantástica, anime u otros formatos pueden servir como una puerta de entrada a la lectura.Prieto incluso cuestionó que un estudiante sea obligado a enfrentarse desde el inicio a una novela extensa como Cien años de soledad. La alternativa, explicó, puede ser trabajar una obra por partes y pedir posteriormente al alumno que explique qué entendió y cuál fue su interpretación.“Cada estudiante tendrá que dar su interpretación”, explicó. La finalidad, agregó, no sería únicamente completar una determinada cantidad de libros al año, sino conseguir que el estudiante encuentre interés en leer y pueda desarrollar progresivamente su comprensión. “El gran problema no es que lean, es que les guste leer”, dijo.Brechas socioeconómicas y regionales en el paísLos resultados de PISA muestran, además, que el aprendizaje está relacionado con las condiciones en las que estudian los alumnos. En Ecuador existen diferencias importantes según el nivel socioeconómico y también entre los regímenes educativos.Entre Sierra-Amazonía y Costa-Galápagos también existe una diferencia. Sierra-Amazonía obtuvo 407 puntos en ciencias, 399 en lectura y 377 en matemática; Costa-Galápagos alcanzó 382, 374 y 357 puntos. La brecha es de 25 puntos en ciencias y lectura y de 20 en matemática.El informe señala que Sierra-Amazonía presenta un nivel socioeconómico promedio más favorable, por lo que la diferencia de resultados no puede atribuirse únicamente al régimen educativo.Prieto consideró que la inseguridad ciudadana debería ser estudiada como uno de los posibles factores que afectan el aprendizaje, especialmente en la Costa.“Si hablamos de los últimos años, el tema de seguridad repercute de manera inmediata en los resultados académicos y en el aprendizaje”, dijo.El impacto de la tecnología y la inteligencia artificialSegún el informe PISA, el 70 % de los estudiantes ecuatorianos utiliza chatbots de inteligencia artificial para ayudarse a aprender al menos una o dos veces al mes. El estudio también muestra que quienes comprueban con frecuencia la calidad de la información generada por estas herramientas obtienen mejores resultados en las tres áreas evaluadas. En promedio, la diferencia llega a 15 puntos en matemática, 19 en lectura y 20 en ciencias frente a quienes nunca o solo ocasionalmente verifican esa información.Para Prieto, este escenario exige que la educación enseñe a utilizar estas herramientas de manera responsable, en lugar de limitarse a prohibirlas. “Mejor enseñémosle a utilizarla lo más prudentemente posible y honestamente posible”, dijo.Según Prieto, esto obliga a cambiar la relación entre tecnología y enseñanza. La inteligencia artificial no debería sustituir el aprendizaje, sino convertirse en una herramienta para atender las diferencias entre estudiantes. En ese escenario, también cambia el papel del profesor. Prieto planteó que el docente debe dejar de ser únicamente un transmisor de contenidos y convertirse en un acompañante del proceso.“El maestro tiene que ser ya no solamente un transmisor de conocimiento, sino más bien el mentor que ayuda al estudiante a adquirir conocimientos y aprendizaje por sí mismo”, explicó.PISA deja así un desafío que va más allá de mejorar una cifra. Para Prieto, la discusión debe centrarse en cómo pasar de un modelo que enseña lo mismo a todos a otro capaz de reconocer que cada estudiante llega al aula con conocimientos, dificultades, intereses y ritmos diferentes.La evaluación, en ese sentido, tampoco debería terminar cuando se publican los resultados. “Los datos deben servir para tomar decisiones”, dijo.La apuesta pasa por detectar los rezagos desde los primeros años, establecer metas de aprendizaje verificables y adaptar la enseñanza al nivel real de cada estudiante. (I)