El Informe PISA ofrece datos sobre 90 sistemas educativos en el mundo y los clasifica elaborando un ránking final. No explica las razones de las puntuaciones. Pero en esta ocasión, tras la debacle mundial, escribió un capítulo aparte para indicar que el desplome generalizado, especialmente en lectura, coincide en el tiempo con dos fenómenos: la generalización de los móviles y el uso de la IA. Vincula el uso intensivo de la inteligencia artificial con un menor rendimiento. A los países que mejor les va, menos IA han utilizado. España, en este sentido, es campeona en uso y frecuencia de la IA. En la conferencia de prensa sobre la publicación del informe, la mayor evaluación mundial sobre la educación, el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann sí apuntó una serie de prioridades para reconducir la situación. Cormann insistió en que los dispositivos digitales no son nocivos de por sí, sino que “todo depende de la forma en que se utilizan”, y que el problema es que lo que ha aumentado es el uso que los alumnos les dan para divertirse y eso les acarrea problemas para prestar atención, por ejemplo con textos complejos. Apuntó a un mayor acompañamiento en el uso de los móviles y en el aprendizaje de cómo usar la IA.Menos objetivos y más profundosEl secretario general fijó media docena de prioridades para corregir algunas de esas tendencias, empezando por un mensaje a las administraciones educativas: definir objetivos escolares “exigentes” pero también “enseñar menos cosas y con mayor profundidad”.RecursosEn segundo lugar, recursos. “Hay que dar a los profesores lo que necesitan para trabajar lo mejor posible”, indicó, y se refirió explícitamente a la necesidad de implementar una formación continua para el profesorado y mecanismos para que se les descargue de tareas administrativas de modo que su tiempo se dedique a los estudiantes. Andreas Schleicher“Los padres se ven así mismos más como clientes de una escuela que como personas interesadas en el aprendizaje de sus hijos”. Centros vulnerablesEn este sentido, Cormann descartó el café para todos. Hay centros de alumnos vulnerables que requieren de recursos intensivos para evitar que queden descolgados. Aunque PISA refleja una caída de todos los alumnos, mayor entre los hijos de familias favorecidas, la brecha sigue existiendo. Remontar estas desigualdades depende de los recursos.Atención de las familiasLa educación, subrayó el secretario, no solo depende de las escuelas sino de toda la comunidad por lo que el esfuerzo para revertir la situación debe ser de todos. También de las familias que parecen haberse desentendido de su función de acompañamiento y exigencia en los últimos tiempos. Andreas Schleicher, director de Educación en la OCDE, fue más explícito: “Los padres se ven así mismos más como clientes de una escuela que como personas interesadas en el aprendizaje de sus hijos”. En el informe, los estudiantes que afirmaron que un miembro de su familia les preguntaba al menos una vez a la semana qué habían hecho en la escuela ese día obtuvieron una puntuación unos 35 puntos superior en la prueba de ciencias de PISA -equivalente a más de un año y medio de aprendizaje- en comparación con aquellos cuyas familias mostraban menos interés. El desinterés parece estar directamente relacionado con el rendimiento lo que podría explicar la caída de los alumnos de rentas altas.Interés por las cienciasPor otra parte, Cormann insistió en que hay que captar el interés de los alumnos con mejores resultados científicos para que se dirijan a estudios y profesiones de ciencias porque se percibe una pérdida de talentos que no consideran esas disciplinas atractivas.EspañaEl director de Educación en la OCDE, Andreas Schleicher, se refirió concretamente a España. Dijo que mientras en Alemania la brecha en los resultados escolares se explica en buena medida por su relación con el nivel socioeconómico de las familias de los alumnos, en España ocurre en mucha menor medida. Es decir, es un sistema más equitativo. La razón es que “en Alemania los niños de medios desfavorecidos van a escuelas más desfavorecidas. Es una decisión política”, indicó.Schleicher hizo hincapié en que la riqueza por habitante de un país sólo explica la mitad de las diferencias entre los países con las peores y las mejores calificaciones. “La otra mitad -añadió- se explica por la acción pública” en el sistema educativo. También por las aspiraciones y expectativas del conjunto de la sociedad. Si estas no son altas, se pierde exigencia.La prueba es que hay “países que tienen muchos recursos, pero los utilizan de forma eficaz”. No se trata solo de países que están en cabeza de las listas de PISA, como China, Singapur o Corea del Sur, sino otros como Camboya, que es uno de los que ha mostrado las mejores progresiones. Periodista. Ha trabajado en las secciones de Política, Economía, Opinión y Cultura de La Vanguardia. Desde hace unos años cubre informaciones de Educación y Universidades en Sociedad
Qué hacer después de PISA, según la OCDE
Objetivos escolares exigentes, enseñar menos pero con más profundidad y aumentar el interés de las familias en sus hijos










