EditorialUn mes despu�s de la avalancha en Ceuta, el Gobierno no ha ofrecido una respuesta a la altura del reto que plantea la gesti�n de una de las fronteras m�s sensibles de la UELa Polic�a Nacional controla las inmediaciones de la playa del Trampol�n, en Ceuta.EFEActualizado Domingo,
agosto
09:58Audio generado con IAUn mes despu�s del asalto de 72.000 personas a la frontera de Ceuta, el Gobierno ni ha aclarado el origen de estos grav�simos hechos ni da muestras de hacerse con el control de la situaci�n en una ciudad al borde del colapso. La debilidad del Gobierno, agravada por la par�lisis de Pedro S�nchez, ha abocado a Espa�a a enfrentarse a una crisis de Estado a la que no se est�n dando las respuestas adecuadas. La percepci�n de desamparo y de desprotecci�n de los ceut�es, que no ven una salida a esta situaci�n, obedece a la clamorosa ausencia del Estado en una ciudad espa�ola que merece la misma consideraci�n y protecci�n que cualquier otra. Cuando se cumple un mes de la invasi�n, miles de inmigrantes siguen vagando por las calles y han empezado a producirse graves alteraciones del orden p�blico. Y mientras tanto, el Gobierno da alarmantes muestras de no saber c�mo afrontar la gesti�n de una de las fronteras m�s sensibles de la UE. Lo que ocurri� en Ceuta interpela no s�lo a Ceuta, sino a toda Espa�a. La inhibici�n inicial y la deficiente reacci�n posterior de un Ejecutivo dividido y superado por las circunstancias han impedido abordar en condiciones una amenaza que no puede reducirse a un mero pico migratorio, sino a una crisis de seguridad, geopol�tica y de salud p�blica.El estrangulamiento social y econ�mico muestra que Ceuta sigue lejos de normalizar su situaci�n. Al contrario, la inacci�n del Gobierno, inmerso en contradicciones y comparecencias sin respuestas, ha amplificado la percepci�n de incertidumbre e inseguridad. Los brotes de violencia de los �ltimos d�as, incluida la emboscada a un veh�culo de militares, el bloqueo al reparto de comida de Cruz Roja o los conatos de enfrentamiento en la calle resultan completamente inaceptables. En todo caso, es responsabilidad del Ejecutivo preservar la convivencia. Para ello es imprescindible que acelere el retorno de los inmigrantes que cruzaron la frontera ilegalmente y que garantice el orden p�blico movilizando los recursos necesarios tanto en las Fuerzas de Seguridad como en el Ej�rcito. Lo contrario supondr�a cronificar una anomal�a de consecuencias imprevisibles.Superar la urgencia humanitaria en Ceuta constituye una prioridad que no puede solapar la cuesti�n de fondo: la vulnerabilidad exhibida por Espa�a en una frontera exterior con Marruecos, que mantiene una posici�n irredentista sobre Ceuta y Melilla. No es admisible que, un mes despu�s, el Gobierno siga sin establecer la naturaleza de lo que Margarita Robles calific� como un �ataque h�brido� ni que Moncloa arrincone a la ministra de Defensa por las alertas del CNI en un asunto medular que afecta a la seguridad del Estado. Estamos ante una violaci�n de la integridad territorial, tal como admiti� el presidente, que hace injustificable e incomprensible mantener una pol�tica de apaciguamiento con Rabat en el marco de un flanco sur convertido en prioridad para EEUU.La necesaria cooperaci�n de Espa�a con un pa�s vecino como Marruecos no puede hacerse desde una relaci�n de dependencia, sino preservando una s�lida posici�n diplom�tica y geopol�tica. Esta tarea es hoy inviable con un Gobierno en descomposici�n.












