EditorialVarios socios europeos se�alan la incapacidad de Espa�a para controlar la frontera y cuestionan el espacio SchengenUn grupo de inmigrantes, en el exterior del CETI de Ceuta.APActualizado Viernes,

julio

23:14Audio generado con IALas im�genes de alrededor de 60.000 personas entrando en Ceuta en apenas unas horas constituyen el episodio fronterizo m�s grave que ha sufrido Espa�a desde la restauraci�n de la democracia. No s�lo por la magnitud del colapso, sino porque ha proyectado al mundo la imagen de una frontera exterior de la Uni�n Europea incapaz de contener un flujo masivo y desordenado de personas. Las consecuencias han sido inmediatas: internamente, alarma social en la ciudad aut�noma y en todo el pa�s, y en el exterior, severos reproches de varios Gobiernos europeos. Italia ha suspendido temporalmente el acuerdo Schengen con nuestro pa�s y varios Estados han se�alado a Pedro S�nchez por su laxa pol�tica migratoria, con el proceso de regularizaci�n masiva como �ltima muestra. La credibilidad de Espa�a como socio confiable se ve seriamente cuestionada.Seg�n el Gobierno, m�s de 40.000 personas han sido devueltas ya al reino de Mohamed VI, aunque los menores no acompa�ados -unos 7.000- permanecer�n en Espa�a. La situaci�n se estabiliz� ayer, con la implicaci�n del Ej�rcito y, al fin, de Marruecos, tras su activa permisividad inicial. Pero es innegable que el Ejecutivo actu� muy tarde. Tras un goteo permanente de llegadas y pese a la petici�n de ayuda de las instituciones locales, el Gobierno fue incapaz de garantizar la frontera y la seguridad de los ciudadanos ceut�es ante un episodio de 'guerra h�brida' impulsado por Marruecos. Como relatamos hoy, los primeros an�lisis apuntan a que el reino toler� al menos las primeras entradas para demostrar una vez m�s su poder de presi�n sobre Espa�a. La deslealtad de Rabat est� fuera de toda duda.Ceuta no protege solo una frontera espa�ola, sino tambi�n una comunitaria. Cuando varios socios europeos cuestionan la capacidad de Espa�a para ejercer ese control est� en juego la funcionalidad del conjunto del espacio Schengen. M�s all� de las facturas pol�ticas que muchos dirigentes europeos quieran pasarle a S�nchez, la realidad es que hoy Europa queda m�s debilitada.La reacci�n del presidente merece un an�lisis cr�tico. S�nchez calific� lo sucedido como un �ataque a la integridad territorial de Espa�a�, sin mencionar en ning�n momento al atacante. Esa afirmaci�n exige explicar c�mo ha podido producirse semejante situaci�n, por qu� no se anticip� y qui�n permiti� que decenas de miles de personas alcanzaran territorio espa�ol casi sin oposici�n. Sin embargo, el presidente prefiri� construir un relato que evita la menci�n a Marruecos y desplaza el foco hacia las mafias de tr�fico de personas y hacia una interpretaci�n de la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones de quienes acceden a nado. Ninguno de estos factores justifica que un asalto de esta dimensi�n llegara a producirse.En ese sentido, llama la atenci�n el contraste entre las im�genes de Ceuta y el discurso oficial sobre la �ejemplar cooperaci�n� de Marruecos. Mientras el Gobierno insiste en presentar la relaci�n bilateral como mod�lica, la realidad vuelve a demostrar hasta qu� punto la estabilidad de Ceuta y Melilla depende de decisiones que escapan al control espa�ol. Cuatro a�os despu�s del inexplicado cambio de posici�n sobre el S�hara, la grave crisis de Ceuta obliga a preguntarse qu� contrapartidas reales ha obtenido Espa�a de esa hist�rica rectificaci�n.Mientras tanto, los abandonados ciudadanos ceut�es han vivido horas de angustia contemplando una ciudad desbordada, con los recursos al l�mite y unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad obligados a afrontar una presi�n extraordinaria. Resulta inevitable advertir la paradoja de que, apenas 24 horas despu�s de la inacci�n que reflejaban las im�genes del acceso masivo, un amplio dispositivo antidisturbios despejara las calles para garantizar la visita del presidente entre pitidos y gritos de dimisi�n. La distancia entre la realidad percibida por quienes sufren la crisis y el relato construido desde La Moncloa dif�cilmente puede ser mayor.Espa�a necesita mucho m�s que explicaciones coyunturales. Precisa de una estrategia de Estado para la frontera sur, reformas legales que eliminen las lagunas detectadas por la jurisprudencia, m�s medios para quienes protegen la frontera y una relaci�n con Marruecos basada en resultados verificables, no en declaraciones complacientes. Porque cuando una frontera europea colapsa en cuesti�n de horas, el problema ya no es �nicamente migratorio, sino una cuesti�n de soberan�a, de seguridad y de credibilidad internacional.