EditorialS�nchez parece menos preocupado por la crisis en Ceuta que por no irritar a Rabat en un momento de gran debilidad pol�ticaEl presidente del Gobierno, Pedro S�nchez.EFEActualizado Domingo,
agosto
23:23Audio generado con IALa crisis de Ceuta ha puesto de relieve hasta qu� punto subordina Pedro S�nchez la diplomacia a sus necesidades pol�ticas y, sobre todo, cu�nto le cuesta a Espa�a esa estrategia cuando necesita una respuesta firme de sus aliados.Cuatro a�os despu�s del giro hist�rico sobre el S�hara Occidental -presentado como el comienzo de una etapa de estabilidad y confianza con Mohamed VI-, Rabat ha permitido que decenas de miles de personas entren en territorio espa�ol en medio de la pasividad de sus fuerzas de seguridad. El Gobierno, sin embargo, ha insistido en exculpar al pa�s vecino de la grav�sima violaci�n de la integridad y soberan�a espa�olas en nombre de una relaci�n privilegiada cada vez m�s asim�trica: Espa�a necesita la colaboraci�n marroqu� para proteger su frontera y Rabat la administra en funci�n de sus propios intereses.Las tr�gicas consecuencias, que hoy vuelve a desgranar en nuestras p�ginas el presidente ceut�, Juan Jes�s Vivas, est�n a la vista: una ciudad desbordada por el colapso de sus capacidades asistenciales, mientras el Ejecutivo parece menos preocupado por la emergencia que por evitar un conflicto con Rabat en un momento de profunda debilidad interior.El episodio repite un patr�n diplom�tico por el que S�nchez ha ido transformando la pol�tica exterior en extensi�n de su estrategia electoralista. Una maniobra irresponsable para proyectar fuera un liderazgo que no es capaz de ejercer dentro, en pleno bloqueo de una legislatura secuestrada por sus socios radicales. Es en ese marco en el que se ha entendido siempre su empe�o en presentarse como n�mesis de Trump, que le otorga popularidad en el espacio de la izquierda y a la que est� dispuesto a sacrificar los intereses comerciales de nuestro pa�s. Tambi�n los relativos a la seguridad, comprometidos por su negativa a elevar el gasto en Defensa al 5% del PIB acordado por los aliados de la OTAN. S�nchez desmarc� a Espa�a del pacto, debilitando su posici�n ante unos pa�ses europeos que consideran el rearme una prioridad existencial tras la guerra de Ucrania.El problema es que las alianzas funcionan mediante la confianza y la reciprocidad. Si Espa�a necesita solidaridad europea cuando Marruecos somete a presi�n su frontera, Polonia o los pa�ses b�lticos tambi�n la reclaman frente a Rusia. La frialdad europea ante la crisis de Ceuta es otro s�ntoma del aislamiento creciente de S�nchez en un continente que ha situado su seguridad en el centro de la agenda y le contempla como un socio poco fiable a la hora de asumir costes.Otro escenario internacional en el que el presidente ha ido por libre es China, un pa�s que Europa considera a la vez socio insoslayable y rival sist�mico, y ante el que es importante proyectar una voz �nica. Sin embargo, S�nchez ha establecido una alianza con Pek�n al margen de Bruselas, priorizando la oportunidad econ�mica e ignorando los riesgos estrat�gicos que supone abrir industrias sensibles a la influencia china.Utilizar la pol�tica exterior para suplir las limitaciones dom�sticas solo consigue mermar la influencia espa�ola y reducir a nuestro pa�s a la irrelevancia internacional. A veces, como en el caso de Ceuta, con una tr�gica factura.















