Actualizado a las 19:18h.
La comparecencia de Pedro Sánchez en Ceuta no fue eficaz para tranquilizar a la población ceutí, ni para recuperar la confianza en el Gobierno. Todo su discurso fue una contradicción interna que condujo a una negación de todo aquello que quería defender. Sánchez se ... alabó a sí mismo por su política migratoria y destacó la colaboración con los países de origen y tránsito de los flujos migratorios. Sin embargo, no explicó cómo es posible que, con una política tan brillante, entraran ilegalmente desde Marruecos más de 60.000 extranjeros en Ceuta. Una cosa u otra. Se recreó en los porcentajes de reducción de los flujos migratorios hacia España, pero silenció el hecho objetivo de que Marruecos puede revertir la tendencia a su capricho y en el momento que quiera. Culpó directamente a las mafias de la trata de seres humanos, pero minutos antes destacó la eficaz colaboración con los países de la región para combatir esas mafias, capaces de movilizar en días una 'marcha verde' de decenas de miles de marroquíes. Y no dudó Sánchez en señalar como detonante la sentencia de la Sala Tercera del Tribunal Supremo que excluyó de la 'devolución en caliente' a todos los inmigrantes que llegaran a nado. Calló el presidente del Gobierno que los efectos de esa sentencia no aparecieron el jueves súbitamente, sino que venían de semanas atrás, cuando las llegadas a nado a Ceuta se contabilizan por decenas a diario.











