0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl Gobierno tenía el lunes un problema derivado de la crisis de Ceuta. Hoy tiene dos. El problema mayor era que, pasados 25 días tras la entrada en Ceuta de unos ochenta mil inmigrantes irregulares procedentes de Marruecos, se generalizaba la sensación de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez no había actuado este agosto con diligencia, que arrastraba los pies, puesto que unos ocho mil seguían vagando por la ciudad autónoma. El problema que ayer afloró fue que dos de sus ministros más relevantes, tanto por el peso de sus departamentos como por su larga trayectoria al servicio del Estado y como por su perfil político, dieron versiones enfrentadas sobre uno de los puntos más delicados de este episodio: el conocimiento que tenía, o no tenía, el Gobierno sobre la entrada de inmigrantes en las horas previas a que se produjera.Cabe la posibilidad de que las discrepancias entre Margarita Robles, ministra de Defensa, y el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, acaben en poca cosa. La primera, en cuyo ministerio se integra orgánicamente el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), dijo que los 25 agentes que tiene destacados en Ceuta hicieron lo que debían hacer. Es decir, que informaron sobre los movimientos que detectaron en el lado marroquí de la frontera. La cuestión es a quién informaron y cómo. Según Robles, a las fuerzas de seguridad del Estado y a la Delegación del Gobierno. Pero, según Marlaska, a su departamento no llegaron informes que permitieran anticipar el suceso, ni de entidades estatales como el CNI ni de otras extranjeras.El choque entre Robles y Marlaska erosiona más la imagen del Ejecutivo derivada de la crisis ceutíTanto si las diferencias entre ambos son terminológicas como si son de mayor calado, el problema revela una grieta en el Gobierno. Lo cual no es algo inédito, pero tampoco debe ser pasado por alto. No lo harán los ciudadanos, no lo hará la oposición y no debería hacerlo el Ejecutivo. En los cenáculos políticos la rivalidad entre Robles y Marlaska es una vieja conocida. Pero no justifica su enfrentamiento, por más que no se discute tanto la esencia de la cuestión como su formato. Desde luego, no podía manifestarse en peor momento para un Gobierno que acusa los efectos de su lentitud y sus tropiezos en la crisis de Ceuta, y encadena por ellos descalificaciones de la oposición. No, Robles y Marlaska no han elegido un buen momento para exponer sus diferencias, porque aun si uno de los dos tuviera más razón que el otro tampoco eso disculparía la falta de coordinación del Gabinete gubernamental.Ayer era precisamente un día adecuado para que el Ejecutivo tratara de recuperar la iniciativa. No decimos para que resolviera la crisis ceutí, algo que solo ocurrirá cuando los inmigrantes irregulares sean devueltos, salvo menores y solicitantes de asilo que de acuerdo con la legislación española pueden aspirar a otro trato. Pero sí era un buen día para desplegar medidas que atenuaran los problemas. Sin embargo, el rifirrafe entre Robles y Marlaska se llevó los titulares.Dicho lo cual, es obligado señalar aquí que ayer sucedieron otras cosas dignas de mención. Pedro Sánchez presidió a primera hora una reunión del Consejo de Seguridad Nacional. Este fue un trámite imprescindible para formalizar el nombramiento de Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial, como mando único encargado de coordinar todas las gestiones encaminadas a resolver la crisis ceutí.El Consejo de Ministros anuncia el endurecimiento de las leyes de Extranjería y AsiloUna vez concluida dicha reunión, Sánchez presidió el primer Consejo de Ministros del nuevo curso político, en el que la inmigración fue también tema central. En su transcurso se anunció un anteproyecto para reformar las leyes de Extranjería y Asilo, con criterios restrictivos, en línea con el nuevo pacto europeo, que se concretarían en una aceleración de los trámites para la denegación de asilo y la consiguiente expulsión. Asimismo, el Consejo declaró la situación “de interés para la seguridad nacional en Ceuta”.Estos parecen pasos en la buena dirección. También lo son los refuerzos económicos para Ceuta que Carlos Cuerpo, vicepresidente y ministro de Economía, anunció el lunes y ayer no acabaron de concretarse. Pero la crisis de Ceuta y la contención de los daños que para el Gobierno está teniendo ha entrado en una fase en que la celeridad con que se obtengan resultados es clave. Al Ejecutivo se le reprocha que vaya tarde, percepción que solo atajará con progresos muy rápidos y tangibles. A tal fin no contará con más respaldo que su propia determinación: ayer un ministro marroquí volvió a echar sal en la herida reclamando una vez más Ceuta y Melilla.
Ceuta multiplica los problemas del Gobierno, por Editorial
El Gobierno tenía el lunes un problema derivado de la crisis de Ceuta. Hoy tiene dos. El problema mayor era que, pasados 25 días tras la entrada en Ceuta de unos ochenta mil inmigrantes irregulares procedentes de Marruecos, se generalizaba la sensación de que el Ejecutivo de...















