0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialHa pasado ya semana y media desde que el 30 de julio más de 70.000 personas procedentes de Marruecos entraron irregularmente en Ceuta, dando pie a una crisis migratoria sin precedentes. La gravedad de este caso la reflejan no solo su inusual volumen y el número de víctimas mortales –82, según los últimos recuentos– sino también sus consecuencias, a escala tanto nacional como europea. Entre ellas, el actual choque diplomático entre Italia y España, concretado en controles fronterizos para ciudadanos de cada uno de los países cuando llegan al otro. Sin duda, un molesto efecto colateral del suceso fronterizo y, seguramente, también de las posiciones políticas enfrentadas en la escena continental del presidente Sánchez y de la primera ministra Meloni.Una crisis como esta no debería repetirse. A tal fin, conviene aclarar todos sus detalles, atribuir responsabilidades y corregir conductas. Respecto al primer punto –clarificar detalles–, estamos aún lejos de obtener respuestas suficientemente satisfactorias, empezando por su dimensión real. En las primeras horas se habló de “miles” de inmigrantes, pero luego la cifra ha ido elevándose hasta superar los 72.000. Menos acuerdo hay sobre el número de personas que accedieron a territorio español el 30 de julio y siguen en él. Fuentes gubernamentales sitúan la cifra alrededor de los 2.500. Pero Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, reclamó ayer muchos más policías y dijo que siguen vagando por su ciudad entre 8.000 y 11.000 de los que entraron aquel día. Si estuviera en lo cierto, el número de los que se han quedado no sería menos digno de consideración que el de los que ya regresaron a su país.En el capítulo de responsabilidades, diremos que están repartidas. El suceso tiene uno de sus detonantes en el Tribunal Supremo, que habría generado un efecto llamada al fallar que no podían ser devueltos en caliente los inmigrantes arribados a nado (a no ser, como señalaba también la sentencia, que se dispusieran en el mar obstáculos físicos que no estaría permitido rebasar). Ahora bien, según van aflorando nuevas informaciones, los responsables mayores estarían en la Administración marroquí y en la española.Las administraciones de Marruecos y de España tienen responsabilidades en lo ocurridoEn la marroquí, porque el día de autos su guardia fronteriza incumplió sus obligaciones y permitió la entrada masiva de inmigrantes en dirección a Ceuta, pese a las “excelentes relaciones” bilaterales que ambos países proclaman. Y en la española, porque fue incapaz de anticiparla, creyendo que iba a ser solo un “pico migratorio” más, sin prestar la atención que merecían a los avisos de las autoridades de Ceuta, ni a determinadas advertencias de los servicios de información, ni al clamor en redes sociales, alimentadas por bulos, que afirmaban que la frontera estaba abierta. Ni siquiera al comunicado conjunto de las autoridades de Ceuta y la delegación del Gobierno en esta ciudad autónoma del 27 de julio, señalando que en una semana habían entrado a nado un millar de inmigrantes irregulares y que el sistema de acogida estaba desbordado.Podrá aducirse que, por esas fechas, el Ministerio del Interior priorizaba la lucha contra los grandes incendios declarados emergencia nacional. Pero la atención a la frontera africana no admite relajo alguno. Fueron demasiados los avisos desoídos.Es obvio, por todo lo dicho, que en el capítulo de corrección de conductas queda mucho por hacer. Empezando por la compleción de un sistema de boyas que establezca un obstáculo físico insalvable, capaz de evitar el ángulo ciego de la sentencia del Supremo y de hacer más complicado el paso a los nadadores marroquíes. Y siguiendo por una mayor firmeza en las relaciones de España con Marruecos, que estaba ya implícita en las palabras del Rey y del presidente Sánchez, inusualmente duras cuando expresaron su indignación ante el ataque sufrido. La colaboración con Marruecos debe preservarse y reforzarse, porque de ella depende también la seguridad española frente a los zarpazos del terrorismo yihadista. Pero, por dignidad y por responsabilidad europea, es inadmisible que la integridad de España sea vulnerada a discreción.Italia y España deben colaborar, no enfrentarse, para solventar los problemas comunesPor último, debe resolverse el conflicto con Italia, país que sobreactuó ante esta crisis, guiado más por intereses políticos de su primera ministra que por la realidad del problema: Italia recibe más inmigrantes irregulares que España. Lo sustancial, en todo caso, es que ambos países tienen problemas comunes y deben colaborar, no enfrentarse, para solventarlos.