El creciente rechazo a la inmigración que detectan todas las encuestas complica cada vez más la propia gestión de una emergencia como la de Ceuta, con miles de personas deambulando por las calles después del último gran salto a la frontera, en el que entraron unas 80.000 personas aunque poco después salieron unas 70.000. En privado, algunos miembros del Gobierno hacen autocrítica sobre su gestión, admiten que había que haber ido más rápido, que estuvieron lentos. Pero otros, sobre todo los que están más encima de la emergencia, explican que se han perdido muchos días precisamente porque ni Ceuta ni España son las que eran en 2021, cuando el anterior gran salto, entonces claramente alentado por Marruecos como represalia. Esta vez, distintas fuentes al máximo nivel insisten en que creen que a Rabat se le fue de las manos el asalto pero no lo alentó. En 2021 saltaron más de 10.000, esta vez 80.000. Los números de los que se quedaron, sin embargo, no son tan diferentes. Pero entonces, el Gobierno central y el de Ceuta se pusieron rápidamente de acuerdo sobre dónde meterlos, cómo atenderlos. Esta vez, los ministros y los consejeros de Ceuta han jugado varios días al gato y al ratón, con una enorme presión de vecinos que rechazan cualquier emplazamiento temporal para los inmigrantes que estuviera cerca de sus casas. En 2021 Ceuta cedió inmediatamente el polideportivo y otras instalaciones. Pero esta vez se resistía mucho más, según coinciden distintas fuentes, y no ofrecía nada concreto. Ceuta iba rechazando opciones a medida que los vecinos se enteraban y presionaban. Finalmente, a mediados de la semana pasada, Ceuta planteó que el puerto era una buena opción. Pero de nuevo hubo protestas, esta vez empresariales, y Vivas se echó para atrás. Y este lunes le pidió a Elma Saiz, que ya estaba en Ceuta, que no fueran ni al puerto ni a la fábrica de harinas, dos instalaciones controladas por el Gobierno pero con rechazo vecinal o empresarial. Después de muchas negociaciones, con Vivas recién llegado de una rueda durísima en la que se lanzó a degüello contra el Gobierno, el presidente ceutí ofreció el embolsamiento, una instalación controlada por la ciudad. Finalmente hubo acuerdo, pero siempre en medio de una gran tensión entre La Moncloa y el Gobierno de Ceuta, que hasta este salto se habían entendido muy bien. InquietudLa crisis se vuelve así casi imposible de gestionar, entre el choque entre las administraciones, la presión de los vecinos y un grupo de inmigrantes desconfiados, que no saben si les conviene más aceptar los nuevos emplazamientos o seguir vagando para evitar que los expulsen. Los relatos son cada vez más inquietantes. “Algunos están empezando a esnifar mucho pegamento. Las noches son complicadas. Algunas empiezan también a prostituirse para sacar algo de dinero. Necesitamos una ubicación para todos y habrá que trasladar a la península a muchos menores. No tiene sentido que Ceuta rechace eso, es un alivio grande para ellos. Vivas está irreconocible, nunca fue así”, señala uno de los miembros del Gobierno que están encima de la emergencia. Otros admiten que se ha perdido mucho tiempo, pero sobre todo porque en los primeros días no se hizo mucho a la espera de que los inmigrantes se volvieran a Marruecos, como hizo la enorme mayoría. “La ciudad no quería que los metiéramos en ningún centro porque así los alentaba a irse. Pero eso ya pasó. Los que están ahora no se van a ir. Hay que meterlos en algún sitio para controlarlos, filiarlos y ver qué hacer en cada situación”, señala un ministro. El tiempo apremia. Ahora empiezan las clases y se pierden dos ubicaciones perfectas, dos colegios. Habrá que buscar más, los vecinos presionan y el PP rechaza enviar a nadie a la península. Las soluciones escasean, pero se buscan recovecos cada día.La presión del PPJuan Jesús Vivas, que lleva desde 2001 al frente de la ciudad y que siempre había tenido buena relación con el Ejecutivo de Pedro Sánchez, está siendo muy duro. “El Gobierno ha abandonado a Ceuta”, insiste a diario. Media docena de ministros consultados, que le conocen bien, están muy sorprendidos y molestos con su cambio de actitud. Mientras, en el entorno de Vivas señalan que el problema es que el Gobierno no quiere agilizar las expulsiones para no molestar a Marruecos, pero insisten en que esa sería la única solución real. “El PP nos está pidiendo que incumplamos la ley con los menores”, señala Sira Rego, ministra de Juventud e Infancia. “No haremos deportaciones de menores. Es ilegal e inmoral. Nadie va a firmar eso, los funcionarios saben que es prevaricación, por eso inhabilitaron a la ex delegada del Gobierno y a la ex vicepresidenta de Ceuta. Tenemos que dar la batalla política para impedir que crezca el discurso xenófobo. Somos un gobierno progresista y tenemos un enfoque de derechos humanos con la inmigración”, remata. Elma Saiz, que ha estado toda la semana en Ceuta, cree que al menos se está encauzando el problema con las nuevas ubicaciones temporales que se han instalado para atender a los inmigrantes. Y cree que Vivas está tan duro porque tiene mucha presión del PP, que ha visto en esto una gran oportunidad política. Y mientras, el líder de los populares, Alberto Núñez Feijóo, acusa a Sánchez de estar entregado a Rabat. “Lo que está claro es que Marruecos o consintió o alentó la invasión”, señala Feijóo en una entrevista con Europa Press. “Sánchez se comporta más como un súbdito de Marruecos que como el presidente del Gobierno de España”, insiste. Feijóo asegura además que está “convencido” de que el Rey quiere ir a Ceuta y pide al Gobierno que le autorice. El jefe del Estado no fue nunca a Ceuta mientras el PP gobernaba, ni con José María Aznar ni con Mariano Rajoy. Solo lo hizo una vez con gobierno del PSOE, con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, en 2007, y la visita generó mucha tensión con Marruecos.Trump y MuskEn La Moncloa y en Exteriores rechazan de plano que Marruecos esté detrás del salto masivo a Ceuta, como señala Feijóo. “Nos han dicho por activa y por pasiva que no fueron ellos, que para Rabat esto es un problema, que están dispuestos a recoger a todos los que vuelvan, que van a impedir que haya más, como hicieron el día 15 de agosto. Cuando Marruecos quiere hacer una represalia a través de un salto masivo, como en 2021, después lo dice: ha sido por lo de [Brahim] Ghali [líder del Frente Polisario que fue acogido en España aquel año gravemente enfermo de covid]. Aquí nos insisten en que no tienen ningún reproche, tampoco por el viaje de Sánchez a Argelia. Insisten en que ha sido un episodio que estalló en las redes y no lo han logrado controlar. Y creemos que es verdad”, señalan fuentes del Gobierno. El Ejecutivo ha evitado criticar a Marruecos y así va a seguir, porque Sánchez y sus ministros están convencidos de que todas las salidas posibles pasan por Marruecos y no tiene sentido un choque con ellos. Diversos ministros consultados apuntan mucho más a la “internacional ultraderechista” y sobre todo a los magnates de las redes como responsables de amplificar el salto del 30 de julio, más que a Marruecos. “Están deseando destruir al principal gobierno en todo el mundo, con el de Lula, que les planta cara. Es increíble lo rápido que salieron Trump y Musk a hablar de Ceuta. Esta es una batalla más de fondo, saben que esto nos mete en una contradicción enorme”, sentencia un ministro. Ceuta para ratoEl Gobierno apura todos los esfuerzos, con decenas de personas sobre el terreno, para intentar encauzar una crisis de casi imposible gestión que le perjudica desde casi cualquier punto de vista, porque pone en cuestión su discurso proinmigración y alienta un sentimiento de rechazo al extranjero que en España era muy minoritario, al contrario que en el resto de la UE, pero ahora se extiende rápidamente. Poco a poco, los inmigrantes empiezan a estar controlados, filiados y atendidos en la sanidad, y los menores listos para ser trasladados. Pero aún queda mucho. En La Moncloa saben que hay Ceuta para rato. Y en el PP lo ven como la ocasión perfecta para desgastar al Ejecutivo en un asunto que creen que le debilita también en una parte del votante del PSOE, más crítico con la inmigración. La temporada política empieza incendiada con el asunto que domina la política europea y la americana. De la capacidad del Gobierno para gestionarlo dependen buena parte de las expectativas de la izquierda para el futuro.
Ceuta, la crisis imposible
El Gobierno y la ciudad jugaron durante días al gato y el ratón con los emplazamientos para inmigrantes. El ambiente de rechazo a los extranjeros, que no era tan fuerte en 2021, complica la gestión. El Ejecutivo confía en que Marruecos ahora sí frenará cualquier intento como hizo el 15









