Actualizado a las 01:24h.
Me enseñó Alberto García Reyes que el palo cortado no se hace; sucede. El bodeguero cree estar criando un fino o un amontillado y, para ello, hace todo lo que tiene que hacer y espera todo el tiempo que hay que esperar. Pero, de pronto, ... aparece una bota que ha decidido desobedecerle y comienza a crear otra cosa, algo que aún conserva la delicadeza de un amontillado, pero que empieza a ganar el cuerpo de un oloroso. Marca entonces el bodeguero esa bota con un palo. Si la rebeldía persiste, cruzará después ese trazo con otro trazo. Nace así el palo cortado. O, mejor dicho, así es cómo se descubre, porque nadie lo había proyectado en ningún momento. Se crea a sí mismo tras haber perdido, antes de lo previsto, su protección frente al oxígeno.
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