Pedro de verano (I)El destino del �ltimo gobierno antifascista de Europa depende en �ltima instancia de la relajaci�n de los m�sculos faciales del presidente: en concreto el masetero y el cigom�ticoActualizado S�bado,

agosto

23:13Esta vez el presidente se ha propuesto disfrutar de La Mareta como nunca. Ha sido un curso pol�tico muy duro. Han condenado a su fiscal, a su hermano y a alg�n otro gran desconocido para �l. Han procesado a su esposa e imputado a su faro moral, que no es precisamente su esposa sino Zapatero. El fascismo avanza por todas partes, reflexiona el �ltimo l�der del progresismo europeo y buena parte del americano; raz�n de m�s para apurar cinco semanas de ocio reparador en el coqueto palacio que Hussein de Jordania regal� a Juan Carlos I. �En septiembre volver� como nuevo para plantar cara al golpismo judicial, medi�tico y pol�tico. Queda mucho partido�, piensa Pedro S�nchez.A tal efecto ha dado orden de que no se le moleste si no es estrictamente necesario. Su retiro vacacional solo debe ser quebrantado por causas de fuerza mayor: el temido suplicatorio del Tribunal Supremo, la disoluci�n final de la extrema izquierda en el PSOE, un concierto de Depresi�n Sonora. Para todo lo dem�s se ha tra�do a Lanzarote a un s�quito de asesores con estudios que se ocupar�n de despachar las urgencias cotidianas, aunque las mejores habitaciones en el pabell�n de invitados las ha reservado para su maquilladora Ana, el masajista africano de Bego�a, su monitor de bici de monta�a y cualquiera de los dos Javis: el que llegue antes. Si finalmente se anima Borja Iglesias con Bardem, hay hueco en el bungal�.Pedro ha aterrizado en la isla con la satisfacci�n del deber cumplido. Es verdad que Espa�a arde como si no hubiera un ma�ana, pero eso no es culpa suya sino de los negacionistas del cambio clim�tico y de los propagadores de bulos. Bastar�a con que Abascal reconociera de una vez que hace m�s calor que antes para que no saltara ninguna chispa incendiaria de ninguna maquinaria agr�cola, y para que ning�n pir�mano cediese a la tentaci�n de la cerilla. Presupuestar m�s medios de extinci�n y tramitar a tiempo los expedientes quiz� parezcan ideas interesantes, pero no para �l. Si Juan Benet dijo que escribir una novela con argumento lo hace cualquiera, Pedro S�nchez opina que gobernar con presupuestos tambi�n. Esa vulgaridad se la deja a las comunidades del PP.Conf�a el presidente en que el fuego no le obligue a suspender por una tarde sus vacaciones, como ya le ocurri� el a�o pasado. Adem�s, en julio todos los espa�oles (y las espa�olas) le han podido ver al pie del ca��n: ha comparecido con Ma�ueco y hasta le dio la mano a Ayuso. No se le puede pedir mucho m�s.As� que el limpio horizonte de un agosto atl�ntico se despliega ante sus ojos de timonel cansado. El destino del �ltimo gobierno antifascista de Europa depende en �ltima instancia de la adecuada relajaci�n de los m�sculos faciales del presidente: en concreto del masetero y del cigom�tico. Pero tambi�n debe trabajar su estado an�mico, aflojar las tensiones acumuladas a golpe de sumario. A ning�n trabajador de Moncloa se le escapa que este a�o el jefe ha estado m�s irascible que de costumbre. Todav�a se ven las marcas en las paredes del comedor por la reacci�n que le sobrevino al ser informado de la decisi�n de los cinco jueces de la Audiencia de Madrid que enviaron a Bego a juicio con jurado popular, y encima por unanimidad. La fuente de porcelana era lo que ten�a m�s a mano.Ahora su esposa se pasa el d�a mustia y monosil�bica, m�s abatida que cabreada. No por la vajilla rota sino por su situaci�n procesal. El rictus de la c�lebre fundraiser lleva semanas solidificado: la boca recta e inexpresiva como la malla de un cuadro de Mondrian, el ce�o fruncido y doliente como la talla pascual de un imaginero sevillano. A pesar de que el juez le permiti� viajar a Bristol para la graduaci�n de Ainhoa, ya nada le sabe como antes. A pesar de su experiencia en el lado dudoso de la legalidad -aquellos d�as de vino, rosas y saunas paternas-, Bego�a G�mez experimenta por primera vez el temor real a una condena. Y no se disfruta igual de la cama balinesa ni de la ex�tica cocteler�a de Romeo Anthony (el barman que la propia G�mez se trajo de Rep�blica Dominicana) cuando sabes que nueve ciudadanos madrile�os te van a juzgar en primavera por tr�fico de influencias y malversaci�n.Pedro se asoma al mirador que da a la piscina grande, no lejos del lago artificial. Por encima de los muros del lujoso recinto se extiende la superficie del oc�ano, que al presidente se le antoja un vasto espejo. Se recrea pensativo en su contemplaci�n. En el cine privado del palacete acaba de ver La Odisea de Nolan y no puede evitar sentirse identificado con Matt Damon. Al fin y al cabo, �l tambi�n ha logrado regresar a su �taca lanzarote�a despu�s de superar las mil asechanzas reaccionarias de sirenas, lestrigones, feacios, magas, periodista de investigaci�n y agentes de la UCO. El Estado de derecho va tras �l igual que a Ulises lo persegu�a Poseid�n, pero de momento �l navega m�s r�pido.En cuanto a los 127 compa�eros de traves�a que han ca�do a lo largo del viaje, imputados o condenados por corromperse a su servicio, a diferencia del Odiseo de la peli �l no puede permitirse ni un instante de remordimiento. En �taca no hay sitio para tantos.Zapatero pide a su disc�pulo un �ltimo favor