La llegada y salida de miles de inmigrantes ha puesto patas arriba a Ceuta: negocios cerrados, jóvenes deambulando descalzos, basura por todas partes y una feria de verano cancelada
Un triste ejército de pantalones rotos, chancletas disparejas, piernas vendadas y cabezas cubiertas con camisetas sigue una marcha cansina bajo el sol, camino de la frontera con Marruecos. Regresan vencidos. Su aventura ha sido un fracaso. Decenas de miles de inmigrantes llegados en aluvión el jueves desde Marruecos a Ceuta por el mar hicieron ayer el camino de vuelta, sin risas, sin vivas a España, sin ganas. Por la carretera, flanqueada de militares que les apremian el paso, viene cansado un joven matrimonio. El padre carga a una niña de tres años. Apenas 24 horas antes estaban braceando en el mar con la criatura bien sujeta al flotador, una peligrosa travesía que ha dejado decenas de cadáveres en las playas del Tarajal. Y todo para nada. “Nos vamos porque no hay comida, tenemos dinero, pero no nos venden, no hay leche para la niña, todo está cerrado. Y nos han enseñado cuchillos y tirado piedras. Solo queríamos un futuro para mi hija”, cuenta la mujer entre la rabia y la resignación. Nabil tiene 30 años y conduce un Uber en Marruecos y ella, Wisal, ha cumplido 23 criando a una niña que padece de asma. Con todas esas dificultades, más vale desandar el camino. Esta vez será más sencillo, las puertas de España están abiertas y las de Marruecos también. Los centenares de flotadores se acumulan en las instalaciones fronterizas de la Guardia Civil o navegan sin dueño.










