Actualizado a las 01:43h.

Ceuta es la ciudad sin ley: la única que impera es la que escriben a golpe de capricho las riadas y riadas de inmigrantes que han entrado su antojo al territorio nacional de un modo ilegal y como si vinieran de excursión a un paraíso ... soñado. Cualquiera que haya asistido a su llegada en tropel por la verja vencida a un paso de la frontera entre España y Marruecos en El Tarajal, a unos ocho kilómetros del puerto, se habrá preguntado para qué estaban los militares apostados en la zona con sus vehículos blindados, los guardias civiles y los policías, que los dejaban penetrar en la ciudad autónoma a sus anchas. El resultado ha sido que los marroquíes, hasta sesenta mil, se han sentido libres para pasar el tiempo que les ha parecido en un lugar que no es el suyo y sin ningún permiso para ello, tampoco sin nadie que les hiciera ver que habían elegido un camino equivocado. Hasta este viernes por la tarde, cuando ciento de jóvenes habían emprendido la senda de regreso a su país, no ha sido cuando las fuerzas de seguridad se han tomado en serio la situación y les han pedido a los visitantes que se marcharan, a veces teniendo que emplear sus porras.

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Pedro Sánchez