Hamido está descalzo y echado en un banco en Ceuta. “Estoy derrotado, hermano”, dice el hombre de 34 años, que explica que siempre se ha ganado la vida “pintando coches” en la localidad de Larache, en Marruecos. De allí partió su hermano, que ahora vive en Barcelona, hace apenas cuatro años. Allí teme, también, volver pronto.
“Tendría que poder ayudar a mi madre, que está viuda. Aguantar y buscar un trabajo aquí, pero está siendo muy duro”, agrega, señalando las tiendas vacías del centro de la ciudad autónoma, que como en casi toda la localidad, permanecen cerradas, sin dar opción a nadie de comprar alimentos. Hamido llegó “hacia las 15:00” de este jueves, cuando decenas de miles de personas entraron de manera irregular en Ceuta en una jornada tras la que también se han localizado 57 cuerpos sin vida en la costa.
El hombre explica que, tras entrar, se fue “directo al CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes)”, donde se encontró un espacio repleto en su interior y también fuera. Fuentes del centro apuntan que acogen ahora mismo a 880 personas. Pero la estampa exterior invita a pensar que aún quedan unos cientos de los casi 1.000 que llegaron a rodear el espacio de acogida, según señalaban en pasadas jornadas los sindicatos con representación allí.










