En pequeños grupos, los migrantes atraviesan la frontera en sentido inverso y regresan a Marruecos después de pasar dos o tres días en el enclave español de Ceuta, deambulando por las calles sin apenas comer.
Ante el puesto fronterizo, militares y guardias civiles españoles indican la salida el sábado por la mañana a un flujo continuo de personas, la mayoría muy jóvenes.Algunos van descalzos, otros llevan una manta de la Cruz Roja sobre los hombros; muchos están visiblemente agotados después de varios días vagando.
"Me voy porque no hay comida, pensaba que encontraría una buena acogida, pero no", explica Abdel Latif, de 23 años, antes de cruzar la frontera.
Había intentado probar suerte para "encontrar trabajo", porque "no hay trabajo en Marruecos", lamenta este joven que vive de pequeños oficios, como mecánico.Como él, varias decenas de miles de migrantes llegaron en el espacio de unos días a Ceuta, provocando una crisis sin precedentes en este pequeño territorio español, así como una disputa diplomática dentro de la UE sobre la política migratoria que debe aplicarse en el seno del bloque de los Veintisiete.Algunos intrépidos intentaron todavía el sábado alcanzar el enclave a nado. Dos hombres se desplomaron sobre la arena ante los ojos de los soldados, exhaustos por su travesía marítima.










