Es un tema recurrente cada vez que nos azota una catástrofe con el fuego en verano o con el agua en otoño: España no limpia los rastrojos de sus montes y sus bosques. Pasó con la DANA valenciana de octubre de 2024 y con los incendios forestales de agosto de 2025. Y ha vuelto a pasar en este julio de 2026 que se va dejando un rastro de muerte y ruina, de cenizas y humo. Vuelven las gentes del campo a asomarse a los informativos alegando que se les impide limpiar la maleza de los campos y los bosques; contando casos de multas astronómicas por atreverse a cortar unos zarzales. Y vuelve también, desde las instancias oficiales, a tacharse esos casos de bulos y a negarse que exista ninguna ley que impida expurgar la hojarasca, desmochar las encinas o desbrozar los aljibes de la España vacía a quienes aún permanecen en ella heroicamente, y pareciera que se desea que la vacíen del todo.¿Tantos agricultores y ganaderos mienten cuando denuncian esas trabas legales? ¿Con qué interés? ¿Cómo y de dónde surgen esos misteriosos impedimentos? ¿Reside el problema en una burocracia lenta, mastodóntica y laberíntica a la que se suma una legislación ambigua donde los ecologistas buscan la trampa en la letra pequeña? ¿Reside en la demagogia interesada en buscar culpables en el partido rival o en el cambio climático, así como en el desinterés y la incapacidad de la clase política para tomar medidas eficaces?Me temo que la burocracia es el auténtico rastrojo que se enreda en las ruedas del sistema, obstruye su funcionamiento y las paraliza. La burocracia no ya solo como un obstáculo objetivo, fáctico, técnico, sino como un subjetivo, inaprensible y flotante espíritu de la resignación, la desidia, la ceguera y la mala fe. El 23 de julio, Francisco Martín reprochó a Isabel Díaz Ayuso que solicitara la declaración de emergencia nacional en una carta de tres párrafos en vez de enviarle una documentación detallada de la situación. Su objeción llegaba a la contradicción flagrante: "Hablamos de una cosa muy seria en la que hay vidas por medio". Esa respuesta recordaba demasiado a aquel "el ejército no está para todo" que soltó Margarita Robles el tercer día de la catástrofe de Valencia. En Madrid se acabó atendiendo a la solicitud de Ayuso y se declaró el nivel operativo 3. En Valencia acabó interviniendo la UME, aunque no se pasó del operativo a nivel 2. Ambas reacciones son dos ejemplos de burocratización kafkiana del dolor y de los rastrojos éticos que reclaman una limpieza en este país.
La España de los rastrojos o la burocracia del dolor
Me temo que la burocracia es el auténtico rastrojo que se enreda en las ruedas del sistema, obstruye su funcionamiento y las paraliza.















