Actualizado 27/07/2026 - 02:28h.

Podemos seguir unos cuantos veranos más abriendo los ojos como polluelos de búho y mirar los incendios como si fueran eclipses inevitables, meteoritos imprevistos, eventos mágicos de origen incierto. Podemos entregarnos a la superstición, a la cartomancia o invocar a alguna deidad vetona, tan abulense. ... Quizá a Manitou. Podemos seguir discutiendo si la culpa es del cambio climático, de la inversión pública o del Código Penal. Y también podemos, en un arrebato de cordura, asumir que nos encontramos ante una emergencia nacional que exige un alto el fuego en las guerras de los mamarrachos. Y pensar un poco, para variar.

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