La campa�a de incendios forestales que est� viviendo Espa�a vuelve a demostrar una realidad inc�moda: seguimos siendo un pa�s extraordinariamente eficaz para extinguir incendios, pero claramente insuficiente para prevenirlos.Tras la tragedia de Los Gallardos (Almer�a), con el dram�tico fallecimiento de trece personas, llegaron los grandes incendios de Guadalajara y de otras provincias espa�olas, con miles de hect�reas arrasadas y numerosas evacuaciones. Ahora asistimos a una nueva emergencia de gran magnitud que afecta a la Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y Le�n, obligando a evacuar a decenas de miles de personas y motivando la declaraci�n del m�ximo nivel operativo previsto en el Sistema Nacional de Protecci�n Civil.La declaraci�n de una emergencia de inter�s nacional constituye un hito de enorme trascendencia. Supone que el Estado asume la direcci�n operativa de la emergencia, integrando bajo un mando �nico los recursos disponibles de las distintas administraciones. La Unidad Militar de Emergencias desempe�a un papel esencial en el dispositivo, mientras que el resto de capacidades estatales deben incorporarse de forma coordinada a trav�s de los mecanismos previstos en nuestro Sistema Nacional de Protecci�n Civil. Si la magnitud de la emergencia lo exigiera, incluso podr�a activarse el Mecanismo Europeo de Protecci�n Civil.Esta situaci�n representa tambi�n una oportunidad para comprobar la capacidad real de coordinaci�n del sistema nacional y la eficacia de los procedimientos previstos para movilizar todos los medios y recursos del Estado ante una cat�strofe de gran dimensi�n.El episodio reabre, adem�s, un debate inevitable. Resulta dif�cil no recordar que durante las devastadoras inundaciones que asolaron la Comunidad Valenciana, con cerca de 300 v�ctimas mortales, no lleg� a declararse una situaci�n equivalente. Son emergencias de naturaleza distinta y con procedimientos operativos diferentes, pero la comparaci�n invita a reflexionar sobre los criterios que determinan cu�ndo el Estado debe asumir plenamente la direcci�n de una gran emergencia.Sin embargo, el verdadero problema no reside �nicamente en c�mo respondemos cuando el incendio ya es incontrolable. La cuesti�n esencial es por qu� seguimos llegando a ese momento.Cada verano escuchamos pr�cticamente los mismos mensajes institucionales: el cambio clim�tico, las temperaturas extremas, la sequ�a o el viento. Todo ello es cierto y constituye un factor determinante. Pero limitar el an�lisis exclusivamente a estos factores supone ignorar otra parte esencial del problema: la prevenci�n y la gesti�n del territorio.La prevenci�n no comienza cuando despega el primer avi�n anfibio ni cuando se constituye un puesto de mando avanzado. La prevenci�n empieza muchos meses antes.Empieza durante el oto�o y el invierno mediante una gesti�n forestal permanente; con cortafuegos eficaces y correctamente mantenidos; con la limpieza del monte y de las infraestructuras; recuperando el pastoreo extensivo como herramienta natural para reducir la carga de combustible vegetal; mejorando la vigilancia preventiva y planificando adecuadamente el territorio.Especial atenci�n merece la interfaz urbano-forestal, el espacio donde confluyen las masas forestales con viviendas, urbanizaciones, industrias e infraestructuras cr�ticas. Es precisamente en esa zona donde los incendios forestales dejan de ser �nicamente un problema ambiental para convertirse, sobre todo, en una emergencia de protecci�n civil.Cada a�o aumenta el n�mero de personas que viven o desarrollan su actividad en contacto directo con el monte. Sin una planificaci�n rigurosa de estas �reas, con franjas de protecci�n adecuadas, limitaci�n de la vegetaci�n combustible, accesos seguros para los servicios de emergencia y planes de autoprotecci�n realmente implantados, seguiremos exponiendo innecesariamente a miles de ciudadanos a riesgos perfectamente evitables.La autoprotecci�n contin�a siendo otra de las grandes asignaturas pendientes. Los residentes en zonas forestales deben conocer con antelaci�n c�mo actuar ante una evacuaci�n, cu�ndo resulta m�s seguro permanecer confinados y c�mo colaborar con los servicios de emergencia. La cultura preventiva no puede improvisarse cuando el fuego ya est� a las puertas de una urbanizaci�n.Espa�a dispone de magn�ficos profesionales y de uno de los mejores dispositivos de extinci�n de incendios forestales del mundo. Su preparaci�n, entrega y eficacia son incuestionables. Pero ni el mejor operativo puede compensar una prevenci�n insuficiente.Ha llegado el momento de impulsar una aut�ntica Estrategia Nacional de Prevenci�n de Incendios Forestales. No una suma de planes sectoriales ni de competencias dispersas, sino una verdadera estrategia de Estado que integre todas las capacidades disponibles: la Administraci�n General del Estado, las comunidades aut�nomas, las entidades locales, los propietarios forestales, las empresas, las universidades, los centros de investigaci�n y la propia ciudadan�a.Una estrategia basada en objetivos comunes, financiaci�n estable, responsabilidades claramente definidas, evaluaci�n permanente de resultados y una coordinaci�n real entre todos los actores implicados. Solo as� dejaremos de actuar de forma fragmentada para afrontar un problema que exige una respuesta global y sostenida en el tiempo.Porque la prevenci�n no produce im�genes espectaculares ni abre los informativos. No genera titulares. Sin embargo, es la inversi�n m�s rentable que puede hacer un pa�s. Cada hect�rea que no arde, cada vivienda que no necesita ser evacuada y cada vida que no se pierde representan el verdadero �xito de una pol�tica p�blica.Ojal� esta campa�a marque un punto de inflexi�n. Porque si el pr�ximo verano volvemos a contemplar las mismas monta�as ardiendo, las mismas evacuaciones masivas, los mismos centros de coordinaci�n repletos de autoridades y las mismas declaraciones institucionales, significar� que, una vez m�s, habremos reaccionado con profesionalidad ante la emergencia, pero habremos fracasado en nuestra obligaci�n m�s importante: prevenirla.La protecci�n civil del siglo XXI no puede seguir midiendo su �xito �nicamente por la eficacia de la respuesta. Debe medirse, sobre todo, por su capacidad para evitar que las tragedias lleguen a producirse. Ese es el verdadero reto. Y esa deber�a ser la gran prioridad de Espa�a frente a los incendios forestales.Francisco Jos� Ruiz Boada es doctor ingeniero qu�mico y ex director general de Protecci�n Civil y Emergencias (2023)
Incendios forestales: seguimos llegando tarde
La campa�a de incendios forestales que est� viviendo Espa�a vuelve a demostrar una realidad inc�moda: seguimos siendo un pa�s extraordinariamente eficaz para extinguir...














