No siempre hay que dar las batallas por inevitables. Ni, por supuesto, por perdidas. El fuego es el gran enemigo declarado desde hace tiempo. Nos dicen que los incendios van a ser cada vez más violentos, que el fuego se moverá más rápido, que nuestros pueblos y nuestro campo –más verde y denso este invierno por las abundantes lluvias, pero ahora un pasto seco convertido en combustible tras el extremo calor de verano– son el primer frente que se resentirá. Para desgracia de todos, es ya el presente y hemos llegado sin estar suficientemente preparados. ¿Era imposible estarlo? Quizá, pero se podía haber peleado más. La inversión contra incendios en España equivale al 0,4% del gasto público, por debajo de la media europea y de otros 14 países. En un país con más de tres millones de empleados públicos, apenas hay 60.000 forestales y bomberos autonómicos y locales. Y de entre 100.000 militares en activo, menos de 4.000 están destinados a la UME. Y todo, con un reparto competencial digno de análisis. Queda mucho por hacer y ningún tiempo que perder.