Los incendios forestales han dejado de ser un problema que pueda resolverse únicamente con más medios de extinción. Esa es la principal conclusión que expone Lourdes Hernández, consultora en gestión y planificación ambiental, quien advierte de que España ha entrado en una nueva etapa marcada por fuegos “muchísimo más rápidos, más difíciles de predecir y que liberan mucha más energía”. Según explica, el cambio ya no está tanto en el número de incendios como en su comportamiento. “El número está disminuyendo aproximadamente un 30%, pero la proporción de grandes incendios respecto al total está aumentando un 47%, y eso es lo que realmente preocupa”, señala.La experta pone cifras al salto que han dado estos grandes incendios forestales. Explica que los bomberos pueden intervenir con seguridad hasta una intensidad aproximada de 10.000 kilovatios por metro de frente, pero recuerda que algunos incendios recientes, como el de la Sierra de la Culebra, alcanzaron 90.000 kilovatios por metro de frente, “nueve veces por encima de la capacidad de extinción a la que los bomberos pueden acceder”. Por eso, afirma, cada vez se habla más de incendios “prácticamente inapagables”, ya que “los dispositivos de extinción no pueden entrar en condiciones de seguridad”.Hernández atribuye esta nueva realidad a la combinación de tres grandes factores. El primero es el cambio climático, respaldado —recuerda— por un amplio consenso científico. “Las olas de calor son cada vez más tempranas, intensas y duraderas, y las masas forestales están enormemente estresadas”, explica. A ello se suma el abandono progresivo del mundo rural. “Cada vez es más difícil ver un rebaño en el monte; la ganadería extensiva y muchos cultivos tradicionales prácticamente han desaparecido”, lamenta. Ese abandono ha favorecido la acumulación de vegetación seca, convirtiendo amplias zonas forestales en un combustible continuo.La expansión de la interfaz urbano-forestal completa, a su juicio, la “tormenta perfecta”. Allí donde antes el fuego suponía un problema esencialmente forestal, hoy amenaza directamente a viviendas y poblaciones. “Los incendios han pasado de ser un problema rural a convertirse en auténticas emergencias civiles que ponen en riesgo la vida de las personas”, advierte. En este contexto, considera insuficiente seguir destinando la mayor parte de los recursos públicos a apagar incendios cuando el paisaje continúa acumulando combustible año tras año.Por ello, la consultora reclama un cambio profundo de estrategia. “La era de la extinción se ha acabado”, resume, insistiendo en que los dispositivos de emergencia seguirán siendo imprescindibles, pero ya no bastan por sí solos. La prioridad, sostiene, debe ser actuar antes de que aparezcan las llamas, adaptando el territorio mediante una gestión forestal más activa. También reclama reforzar la autoprotección de municipios y urbanizaciones, ya que “hasta el 80% de las zonas de contacto entre lo urbano y lo forestal no disponen de planes de autoprotección”. Para Hernández, la prevención “es responsabilidad de toda la sociedad” si se quiere reducir el impacto de unos incendios cada vez más extremos.Martí Paola Balbastre es periodista y presentador del programa Claves del día de La Vanguardia, un espacio informativo que analiza la actualidad con rigor y perspectiva crítica