Cuando este 1 de junio comience una nueva campaña de incendios en España, todavía sigue muy latente el desastre del año pasado, en el que ardieron 354.746 hectáreas de superficie forestal. El fatídico 2025 sigue dando vueltas en la cabeza de los profesionales que se ocupan de apagar las llamas, que continúan repasando los devastadores fuegos del pasado agosto para aprender de lo ocurrido. Paradójicamente, según un avance estadístico del Ministerio para la Transición Ecológica publicado este mayo, en 2025 se registraron en el país un 10,6% menos incendios que la media de los últimos 10 años, pero la superficie quemada fue un 235,89% superior. Y en gran medida esto se debió al altísimo número de grandes fuegos, 63 (cuando la media del decenio es de 23), de los que 62 ocurrieron en el periodo de máximo riesgo entre el 1 de junio y el 15 de octubre, y 40 de ellos, entre el 8 y el 15 de agosto.Uno de estos grandes incendios fue el de Jarilla (Cáceres), el mayor ocurrido desde que hay registros en Extremadura, que comenzó el 12 de agosto por una tormenta y arrasó 16.535 hectáreas, dándose por extinguido casi un mes después. Aunque los hubo todavía peores, este fuego gigantesco que alcanzó un perímetro de 176 kilómetros es hoy uno de los más interesantes de analizar, por el megadispositivo desplegado para intentar frenarlo. Como cuenta Francisco García Navarrete, director del Centro Operativo Regional del Plan INFOEX de la Junta de Extremadura, este incendio llegó a tener delante un operativo de extinción de 700 efectivos de 81 unidades de bomberos y de la UME del ejército, así como 34 aeronaves atacándolo desde el cielo. “El despliegue fue extraordinario, no recuerdo algo de estas dimensiones en Extremadura”, señala este especialista, que también explica que el caso de Jarilla es justamente un ejemplo de cómo apagar fuegos no depende solo de tener muchos medios de extinción.A pesar de este gigantesco dispositivo para apagarlo, hubo momentos en los que el incendio resultaba inabordable, por el relieve de la zona, la accesibilidad limitada y las condiciones climáticas (con una humedad media del 26%). Asimismo, la propia gestión de un operativo tan grande se convirtió por momentos en un quebradero de cabeza, pues los 700 efectivos provenían de 28 instituciones distintas, la mayoría de otras comunidades autónomas, además de países como Portugal, Alemania, Eslovenia y Chequia. Y las 34 aeronaves operaban desde 13 bases distintas.Como se incidió en unas jornadas recientes sobre los incendios de 2025, celebradas en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes, Forestal y del Medio Natural, de la Universidad Politécnica de Madrid, el agosto negro del año pasado muestra que hay que prepararse para monstruos de fuego cada vez más grandes y con distintas cabezas a la vez. De hecho, según el avance estadístico del Ministerio, de los 16 incendios más grandes con más de 20.000 hectáreas ardidas desde que hay registros en España (que comienzan en 1968), cinco se produjeron el pasado agosto. Y hubo que luchar contra ellos cuando los focos se multiplicaban por todo el noroeste del país, de forma simultánea. Una de las principales lecciones de 2025 es que resulta inviable tener listos en todas partes operativos tan grandes como los que se requieren para estas súper emergencias y hay que aprender a mejorar la coordinación con otras comunidades para aglutinar esfuerzos de forma muy rápida allí donde haga falta. “Si tenemos que estar pendientes de toda la logística que generan cada uno de los medios que nos envían, pues al final no podemos atender la parte operativa de la extinción”, incide García Navarrete, que explica que esto “tensionó” el dispositivo de Jarilla. Incluso reconoce algunos fallos en la coordinación, por ejemplo, que los efectivos terrestres fueran por un lado y los aéreos por otro.Esta dificultad para mover tantas piezas a la vez se dio por muchos otros sitios esas semanas de agosto. Más cuando el fuego estaba poniendo en peligro a poblaciones, que hay que atender de forma prioritaria, y cuando la simultaneidad de focos obligaba a “hacer triaje” para decidir dónde priorizar los recursos de extinción, como en un hospital en una situación extrema en el que los médicos tuvieran que elegir a qué pacientes dar por perdidos. En Extremadura, llegó un momento en el que, según David Jorge Vegas, jefe del Servicio de Prevención y Extinción de Incendios Forestales de la Junta, “en ese triaje, Jarilla era el muerto”. La prioridad allí, en Galicia o en Castilla y León, era que los fuegos más pequeños que estaban surgiendo no se convirtieran en más monstruos imparables, así que, cuando hubo que elegir, los recursos se mandaron a otros focos menos grandes.El mayor incendio esos días, y que se haya conocido nunca en España, fue el que comenzó el 13 de agosto en Larouco (Ourense), que pasó luego a Quiroga (Lugo) y a Oencia (León), quemando un total de 37.765 hectáreas. Este fue otro de los fuegos de 2025 diseccionado en las jornadas de los ingenieros de Montes y Forestales en Madrid. Aparte de su descomunal tamaño, resulta un ejemplo de cómo las llamas crean cada vez más problemas en zonas habitadas en contacto con espacios forestales (de interfaz), donde ha descendido mucho el pastoreo y otras actividades humanas que antes mantenían más despejado el terreno. Este incendio puso en peligro en Galicia a 98 poblaciones y rodeó 31 pueblos.Para Francisco Losada, jefe del Servicio de Prevención de la Xunta, el caso de Larouco-Quiroga-Oencia no debe considerarse como algo único, sino como muestra del cambio que se está produciendo en los incendios. Se están registrando fuegos más grandes, que requieren muchos más días de trabajo, en especial, en las labores de remate, y que son mucho más intensos. Según el representante gallego, “tuvimos bastantes heridos y algunos de ellos de gravedad”. “Gente muy experta con cientos o algunos con miles de incendios en sus espaldas, no exagero, tuvieron quemaduras importantes por radiación [el calor transmitido por las llamas]”. Aunque este fuego fue intencionado, los ingenieros no consideran este factor clave en el funesto agosto de 2025, pero desde luego sí el calor extremo y las condiciones climáticas, factores que están volviéndose muy peligrosos con el calentamiento del planeta. “En 2022, que fue muy malo [para los incendios], nos cocinamos a fuego lento, este 2025 nos cocinaron con soplete”, asegura Losada.De nuevo, hubo momentos en que este incendio también estuvo fuera de capacidad de extinción y resultaba un suicidio ponerse delante. Con situaciones muy cambiantes, las llamas saltaron el río Sil por 15 sitios a la vez y se extendieron por Lugo y León. Cuando llegó a esta provincia de Castilla y León, allí estaban ya amenazados por otros fuegos descomunales. Como detalla Enrique Rey, técnico del Centro para la Defensa contra el Fuego del Gobierno castellanoleonés, el momento del salto “es el 16 de agosto y no hay absolutamente ningún medio disponible, y si fuese un conato o un incendio incipiente, la estrategia era que no se formara ningún otro incendio, pero venía ya un gran incendio”. Otra vez hubo que hacer triaje y, según Rey, “se sacrifica este incendio”. Con los recursos mínimos, un par de cuadrillas y un camión, y la ayuda que se pudo conseguir en los pueblos de gente experimentada, finalmente se logró parar en León a través de una quema controlada, sacrificando la vegetación por delante de las llamas para impedir su avance. “Con la virulencia del fuego esa superficie iba a arder de todas maneras, se dieron por perdidas unas 4.000 hectáreas (casi en su totalidad de matorrales de brezo) para salvar otras 20.000 de mucho mayor valor”, cuenta Rey. Así se puso fin a esta pesadilla, aunque con un gran desgaste para los efectivos de extinción, no solo física, sino también mental. Según Losada, “este año he notado un impacto emocional muy grande entre mis compañeros”. “Este cambio de los eventos [de fuego] nos está afectando”.
Comienza la campaña de incendios: la lección del fuego con un megadispositivo de extinción de 700 bomberos y 34 aeronaves
Cinco de los 16 mayores desastres desde que hay registros en España, con más de 20.000 hectáreas ardidas cada uno, se produjeron el pasado agosto






