Los incendios forestales están resultando este año otra vez especialmente virulentos, algo que ocurre después de dos años de lluvias por encima de la media. Pero esta pluviometría favorable ha propiciado una vegetación tan frondosa que, al secarse en primavera, ha acabado siendo pasto de las llamas. Hasta el 5 de julio, han ardido en España 50.750 hectáreas forestales, lo que supone un incremento del 148% respecto a los datos del año pasado por esas mismas fechas.Un coche calcinado en la zona del incendio en Los GallardosVioleta Santos Moura/Reuters En el 2025, hasta esa fecha habían quemado 20.466 hectáreas. Es decir, ha ardido 2,5 veces más superficie que el año pasado. Sin embargo, considerando el siniestro de Los Gallardos de Almería (cuyos datos no aparecen aún en la estadística oficial), el número de hectáreas que han ardido en España supera ya las 57.000. Nos acercamos, pues, a casi el triple que el año pasado.Las superficies forestales afectadas por incendios desde 2016La VanguardiaEl balance provisional de incendios supone un mal augurio, pero no necesariamente el resultado final superará el del año pasado, cuando ardieron 350.000 hectáreas, en el peor balance en lo que va de siglo según los datos recopilados por el Ministerio para la Transición Ecológica. Pero tampoco es motivo de esperanza ni mucho menos, en cualquier caso, el hecho de que en lo que va de año haya ardido un 34% más superficie forestal que la media del último decenio (37.791 hectáreas).Incluyendo Los Gallardos, el número de hectáreas que han ardido en España supera ya las 57.000 este añoLo que preocupa a los expertos es la tendencia a los grandes siniestros. Cuando el fuego no puede ser atajado a tiempo y se escapa de las manos, sus efectos son devastadores. El año pasado el número de incendios disminuyó un 10% respecto la media, hasta sumar 8.199 siniestros –de los cuales 2.598 fueron incendios propiamente dichos, de más de una hectárea–. Pero la cifra de los grandes incendios forestales –de más de 500 hectáreas– ascendió a 63, y 47 de ellos se produjeron solo en agosto, con el preocupante dato de que 5 devastaron más de 20.000 hectáreas.Y este año se consolida esta tónica. Hasta el 5 de julio se produjeron 15 grandes fuegos de más de 500 hectáreas, la mayor cifra de la década, igualada a los del año 2023, y sin contar el que quemó 2.200 hectáreas en Les Gavarres. La imagen muestra las llamas extendiéndose a lo largo de una ladera en la zona afectada por un incendio forestal que causó la muerte de al menos 12 personas cerca de Bédar, en el distrito de Los Gallardos, en la provincia de Almería, el 11 de julio de 2026.EfeOtro efecto temible es la simultaneidad. El año pasado en solo dos semanas del verano se concentró el 90% del total de superficie quemada, lo que saturó los medios de extinción, dificultó las evacuaciones y redujo las capacidades de los equipos de emergencias para controlar tantos frentes a la vez.La crisis climática combinadas con el abandono rural y la pérdida de gestión del territorio son la clave para WWF¿Y cuáles son las causas? La crisis climática, la falta de prevención y abandono rural son tres de los razones principales que señalan los expertos de WWF como causantes de los grandes incendios. Y, más concretamente, detrás de estos sucesos, se menciona “la escasa inversión en prevención, el arraigado uso que todavía se hace del fuego en el entorno rural y el abandono del paisaje agroforestal”. Y a todo ello se une “la ausencia de gestión forestal y la nula planificación territorial”.“La crisis climática combinadas con el abandono rural y la pérdida de gestión del territorio hacen que el paisaje agroforestal sea cada vez más vulnerable ante los incendios”, explica Lourdes Hernández, experta de WWF España. Además, existe un gran número de viviendas ubicadas dentro o en las cercanías del ámbito forestal carentes de una planificación ni medidas de autoprotección adecuadas, según esta organización, “lo que agrava el problema”.Necesitamos un cambio de estrategia que vaya más allá de la extinción y aborde una gestión integral basada en la prevención y la adaptación del territorio hacia mosaicos agroforestales, una planificación territorial preventiva y recursos suficientes para afrontar las emergencias”, añade Hernández.Las olas de calor y otros elementos del debateNumerosas voces, como las de WWF, recalcan que los límites del actual modelo de lucha contra los incendios “ha quedado obsoleto ante el nuevo contexto climático”. Actualmente, el 78% de los recursos de este ámbito se dedica a la extinción y tan solo un 12% a la prevención (gestión forestal). El resto va a la restauración.Otro dato revelador es que el 95% de estos sucesos son provocados por las actividades a veces negligentes del hombre (sobre todo por el uso del fuego como herramienta de gestión en zonas rurales), y el 5% restante se atribuye a los rayos. Por ello, existe un amplio margen para evitarlos.El programa europeo Copernicus resalta que España acumula el 40% de toda la superficie calcinada en la UE en el primer semestre de 2026. La situación coincide con una sucesión de olas de calor que ha elevado el riesgo. Dos tercios de la Península (con la excepción de Galicia, Asturias y puntos de Castilla y León, Madrid, provincia de Valencia y Andalucía) se encontraban ayer con un riesgo muy alto o extremo de incendio forestal. Este riesgo es hoy aun elevadísimo en Aragón, Catalunya, León, Zamora, Valladolid, Soria, Teruel y Granada, aunque hoy la situación se ha aliviado en la mitad sur y occidental (como muestra este mapa de la Aemet).Amplios sectores juzgan clave un amplio acuerdo político en esta materia que permita abordar de forma integral la prevención y adaptación del territorio. El Gobierno lo intentó mediante la propuesta de Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática pero no fructificó en el Congreso.Periodista especializado en medio ambiente. Promotor del Canal Natural. Autor de 'Emergencia climática: Escenarios del calentamiento y sus efectos en España'. (Librosdevanguardia) acerrillo@lavanguardia.es