Espoleado por la gran cantidad de combustible disponible y unas condiciones meteorológicas propicias, el fuego devora el territorio a ritmos nunca vistos. “Estamos detectando en algunos incendios velocidades e intensidades de propagación no registradas antes. Lo vimos este año en Los Gallardos, Almería, pero también el pasado en León”, ilustra Raúl de la Calle Santillana, secretario general del Colegio Oficial de la Ingeniería Forestal.
La situación este fin de semana es “muy complicada”, según los equipos encargados de tratar de contener la emergencia nacional que han activado los fuegos de Madrid y Ávila —ampliada a última hora de la tarde a Toledo, al reactivarse el incendio de Almorox—, donde más de una veintena de municipios ha sido evacuados y otros siete confinados. En total, en estas localidades viven casi 90.000 personas, a las que se han sumado durante este sábado los confiamientos de varias urbanizaciones por el fuego en Cubelles (Barcelona) y el municipio de Vilavella (Castellón).
La velocidad e intensidad con la que se propagan los incendios este verano la observan con preocupación los expertos y la sufren los municipios. Arturo Varas, alcalde de El Tiemblo, Ávila, habló de “infierno” para describir el incendio que azota desde esta semana la provincia castellanoleonesa, con llamas de “12 o 13 metros”, que avanzan a una velocidad “increíble”. “Estos incendios son los que realmente hacen daño, porque obligan a evacuaciones masivas. [La normativa] pone en primer lugar las personas y las infraestructuras y luego el medio natural (flora y fauna) y los medios de extinción quedan secuestrados y son difíciles de atacar”, continúa De la Calle.













