El de Ávila es ya el peor incendio de la historia. Ha superado las 50.000 hectáreas calcinadas, por encima de las 40.000 que arrasaron Uña de Quintana, en Zamora, el pasado verano. Este se había convertido, hasta ahora, en el fuego más grave de la serie histórica, iniciada en 1968. Los tres focos activos entre los territorios avilés y madrileño se unieron el viernes en un único frente, lo que agravó la situación, todavía activa. Y la península sigue ardiendo: las autoridades siguen de cerca las llamas que afectan a La Vall d'Uixó, en Castelló, que ha entrado en el parque natural de Sierra de Espadán. Entre todos los fuegos que asolan España, hay más de 110.000 personas evacuadas y casi 30.000 confinadas.PublicidadEl presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha pedido a los ciudadanos que "extremen las precauciones" porque quedan "horas difíciles" en la lucha contra los focos activos. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, la superficie forestal arrasada por los incendios en lo que va de año asciende a 172.396,10 hectáreas, cerca de 20.000 hectáreas más que las contabilizadas este domingo y casi seis veces las 29.817 registradas para el mismo período de 2025. El inicio de una nueva ola de calor a partir de este miércoles, según ha anunciado la AEMET, deja un escenario desfavorable para la evolución de las llamas.El Estado es particularmente eficaz en apagar fuegos, pero algo está cambiando. O más bien, ya ha cambiado. "En las últimas décadas, hemos mejorado considerablemente en la lucha contra los incendios forestales y, de hecho, el número total de incendios ha disminuido", expresa Fernando Medina, geógrafo e investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y experto en protección civil. "Sin embargo, aquellos que escapan a la extinción inicial se desarrollan ahora con una intensidad y una velocidad sin precedentes".Lourdes Hernández, especialista en incendios forestales de WWF España, indica a Público que cada vez tenemos más cantidad de Grandes Incendios Forestales (GIF), aquellos que superan las 500 hectáreas, según define el MITECO. Pero además de ser más extensos, son también más virulentos y llegan a crear su propio ecosistema, de manera que con frecuencia sobrepasan la capacidad de extinción. Y a esa realidad nos enfrentamos en los últimos años: llamas que no cesan.¿Por qué son incendios imposibles de apagar?"Hay incendios que por muchos recursos que pudieras dedicarles, no podríamos apagarlos", destaca a este medio Cristina Santín, jefa del departamento de Biodiversidad y Cambio Global del IMIB-CSIC. Son varios los factores que explican la dificultad de extinguir los focos. Hernández indica que la probabilidad de llegar a este punto es hoy mayor debido a que "son más intensos que nunca". Menciona a este respecto los cambios en el uso del suelo y el abandono rural, lo que implica una homogeneización del paisaje y un aumento de la masa forestal inflamable. Esto incrementa la conectividad de las llamas y su facilidad para propagarse por el entorno, por lo que corren más rápido. A esto se suma la simultaneidad de los fuegos en diferentes puntos, explica Santín. Esto obliga a repartir las fuerzas de trabajo y los medios disponibles y priorizar por orden de urgencia, como una suerte de triaje.PublicidadLa especialista de WWF España también señala que "hemos primado lo estético a la hora de construir". Ha habido una expansión poco planificada de viviendas en la interfaz urbano-forestal, lo cual dificulta las labores de extinción y pone en una situación de especial vulnerabilidad a los habitantes de estas zonas. Por último, señala la emergencia climática como otro punto clave. No solo hay más vegetación inflamable, sino que esta se encuentra estresada debido a las prolongadas, fuertes y frecuentes olas de calor. La climatología adversa no solo dificulta apagar los incendios, sino que también hace que la masa forestal sea más sensible a la ignición. Es decir, facilita que una chispa se convierta en un desastre medioambiental.Aunque no sucede siempre, estas nuevas condiciones sociales, territoriales y climáticas hacen más probable que un incendio cobre vida propia. Esto se debe a que crean sus condiciones climatológicas particulares. En concreto, generan pirocúmulos. Se tratan de nubes de fuego hechos de piroclastos de aerosoles, unas partículas de materia orgánica, las cuales crean unas células convectivas. Es decir, que por su movimiento, se calientan y enfrían, desplazándose hacia arriba y hacia abajo. Dicho fenómeno alimenta la base de las llamas.Publicidad¿Qué hacer ante incendios de esta clase?Cuando un foco rebasa las capacidades de apagarlo, hay una prioridad clara: las personas. "La comunicación de riesgos, la preparación de la población y la evacuación oportuna son ahora tan importantes como la capacidad de extinción", subraya Medina. En segundo lugar, Lourdes Hernández añade que se debe "estudiar el comportamiento del incendio para identificar la ventana de oportunidad", en caso de que haya condiciones meterológicas favorables o se dirija hacia puntos geográficos desde los que la intervención pueda ser más eficaz.Santín añade que se puede tratar de reconducir el fuego atajando determinados flancos. En una línea parecida se expresa al SMC España Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida. "Si el incendio está fuera de capacidad de extinción, se pueden atacar las partes que están dentro de capacidad, como los flancos o la cola", indica. Pero reconoce que en ocasiones "la única opción es evacuar la zona, incluso para los bomberos, pues corren grave peligro".Jesús S. Notario del Pino, del departamento de Biología Animal, Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna, propone al SMC España "eliminar combustible allí donde sea factible hacerlo de manera que, cuando llegue el frente de llama, no tenga mucho que quemar y disminuya la intensidad del fuego, lo que haría posible enfrentarse a él". De todos modos, insiste en que "sobre el papel parece sencillo, pero en la práctica puede ser tremendamente complicado". Es por este motivo por el que las labores no se pueden centrar únicamente en la extinción de los focos, tal y como se venía haciendo –exitosamente– hasta ahora. Pero la nueva normalidad requiere a su vez nuevas formas.Prevención y una nueva cultura del fuegoUno de los puntos fuertes de las nuevas políticas frente a los incendios es la prevención. Que estas condiciones y esta realidad haya venido para quedarse "no significa que tengamos que estar condenados a sufrirla cada verano", recalca Hernández. La especialista pone de relieve la necesidad de establecer planes de autoprotección en las zonas vulnerables, especialmente en las viviendas y urbanizaciones construidas en la interfaz urbano-forestal. "Existen una serie de herramientas y políticas que si se impulsan frenarían enormemente los daños", argumenta. Para ello, recuerda que es necesario tener una clase política "a la altura de las circunstancias" y que sea capaz de acordar un Pacto de Estado climático.Pero esto debe venir a su vez de un giro en la sensibilidad social, un cambio de conciencia basado en la percepción del riesgo. En suma, se trata de crear colectivamente una nueva cultura del fuego. Así lo defiende Cristina Santín, y es que debemos aprender a convivir con esta clase de incendios. Si bien no significa que no se pueda hacer nada, sí debe existir una preparación, en virtud de la cual la ciudadanía ejerce una corresponsabilidad. Por tanto, subraya la importancia de que cuenten con la formación y la capacidad de respuesta necesarias y que siempre atiendan a las instrucciones dadas por los servicios de emergencia.Y es que en útima instancia, es la vida lo que está en riesgo. "Esto exige un cambio fundamental en la gestión de emergencias", destaca Fernando Medina. "En la era de los incendios forestales extremos, el éxito ya no debería medirse únicamente en hectáreas quemadas, sino en vidas protegidas".
España entra en la era de los fuegos que desbordan cualquier estrategia de extinción
Toda una serie de factores, incluida la emergencia climática, hacen cada vez más probable que los fuegos se vuelvan imposibles de apagar.












