Continúan los incendios en diferentes puntos del Estado español. Las muertes, los desalojos y las casas, montes y bosques arrasados por las llamas mantienen a la población en vilo. Lo principal ahora es aprovechar las ventanas de oportunidad disponibles para extinguir el fuego, pero cabe preguntarse qué sucederá después. ¿Cómo nos hacernos cargo de la tierra quemada? Los trabajos de recuperación no tienen por qué replicar el paisaje anterior, sino que se puede planificar un diseño que resulte más resiliente frente a futuros focos.Publicidad"Hay gente que enseguida piensa en la repoblación", comenta a Público Arnau Tolrà, doctor en Ecología del Centre de Recerca Ecològica y Aplicacions Forestals (CREAF). Apunta a una tendencia a contemplar como estrategia la plantación abundante de árboles en aquellas zonas calcinadas por el fuego. Sin embargo, "sabemos que eso no es bueno".En la misma línea se expresa Francisco Martín Azcárate, profesor titular en el Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). "Existe una gran presión por intervenir rápidamente, introduciendo maquinaria y reforestando", dice. "Sin embargo, esa respuesta puede resultar contraproducente, porque supone una nueva perturbación sobre un terreno ya alterado por el incendio y puede tener efectos sobre el suelo incluso más negativos que el propio fuego". El investigador del CREAF subraya que "la naturaleza tiene sus procesos". Cuando se repueblan las zonas con árboles, "no siempre se hace con las especies que toca" o se diseñan paisajes demasiado homogéneos. Según advierte, esta clase de medidas perjudica el entorno físico en el largo plazo.¿Por qué los incendios son ahora tan intensos?La homogeneización del paisaje es precisamente uno de los factores implicados en el desarrollo de los incendios extremos. Estos superan las capacidades de extinción y han asolado España los dos últimos veranos. Las transformaciones sociales vinculadas al paso de una economía de subsistencia al modelo actual trajeron consigo cambios en los usos del suelo. Esto se suma, al menos en parte, a una despoblación rural, con lo que los bosques y montes pasan a tener mayor vegetación, más masa forestal conectada entre sí –es decir, más conectividad y más combustible–. Esto significa que el fuego es más intenso porque tiene más material que quemar, pero también se propaga más rápido porque no existen cortafuegos ni espacios abiertos que ralenticen su ritmo.Como consecuencia, una tendencia general es que cada vez hay más grandes incendios forestales (GIF), que el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) define como aquellos que superan las 500 hectáreas. La titular de la cartera, Sara Aagesen, cifró este jueves 30 de julio en 38 la cantidad de GIF en lo que va de año. Según el avance informativo gubernamental sobre incendios forestales del 2025, el número de GIF para el mismo período ascendía a 14. La mayoría sucedieron a partir de agosto y en total el año pasado tuvieron lugar 63 eventos de estas características.PublicidadLa perspectiva de este nuevo agosto no es especialmente positiva. Aagesen declaró este jueves desde el Centro de Coordinación de Información Nacional de Incendios Forestales en Madrid que el verano está siendo "complicado, ha empezado de una forma muy virulenta y los incendios cada vez son más complejos". A esto se suma la cuestión de la emergencia climática, las olas de calor –cada vez más frecuentes, prolongadas e intensas– provocan sequías y estrés hídrico sobre la vegetación. Por tanto, no solo hay más masa para el fuego, sino que esta es mucho más sensible y es más fácil que arda. Con una nueva ola de calor que durará por lo menos hasta este domingo, "la previsión durante el mes de agosto también es extraordinariamente complicada".Paisajes mosaico para enfrentar el fuegoEste sería el estado de la cuestión de los incendios, los cuales se han convertido en una cuestión de Estado. "Hay una crisis de espacios abiertos porque se está homogeneizando el medio ambiente y cada vez se están densificando más los bosques con matorrales", expresa Tolrà. Pero no tiene por qué ser así. María Melero, técnica del programa de Bosques de WWF España, declara a este diario que "lo que se valora desde el punto de vista científico son esos paisajes mosaico, que combinen diferentes espacios, que sean más abiertos, sin tantas continuidades y que, en caso de incendios extremos, representen oportunidades para que los medios de extinción puedan abordarlo"."Más que preguntarnos qué árboles debemos plantar, deberíamos preguntarnos qué tipo de paisaje queremos construir", indica el profesor titular de la UAM. "Si aceptamos que los grandes incendios van a seguir formando parte de nuestra realidad, y que el cambio climático favorecerá incendios cada vez más extremos, tiene sentido aprovechar el periodo posterior al fuego para orientar el territorio hacia estructuras menos vulnerables", abunda.PublicidadAntonio Girona, experto en postincendios e investigador en el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB-CSIC), define esta clase de paisajes como aquellos "donde masas forestales se alternan con zonas agrícolas, pastizales o áreas de matorral menos combustible". De este modo, "pueden actuar como discontinuidades que dificultan la propagación de grandes incendios". El científico del CREAF coincide y expresa que en Catalunya "hay un problema de homogeneización" con el crecimiento de la vegetación, por lo que existen posturas favorables a este tipo intervenciones. No obstante, matiza que las necesidades varían en función de cada lugar. Existen zonas más áridas como el Levante o Andalucía, donde "tienen espacios abiertos de manera natural y quizás están preocupados por los pocos bosques que quedan".Un proceso participativo entre ciencia y comunidadPrecisamente por las necesidades particulares de cada sitio, Melero defiende que el proceso de restauración de los suelos tras un incendio debe ser participativo. "Es importante contar con técnicos y científicos para incluirlos en la reflexión sobre qué monte recuperar, pero también hay que contar con las poblaciones locales para que expresen sus necesidades y su visión". Esta reclamación no se aleja del pensamiento de los expertos. "Cada vez existe un mayor consenso científico en que la prevención de los grandes incendios requiere una gestión integrada del territorio y no únicamente actuaciones forestales dentro de las zonas quemadas", asume Girona. Se trata de pensar colectivamente qué montes queremos.Por ejemplo, el investigador del IMIB-CSIC propone que "mantener actividades tradicionales compatibles con la conservación, como la ganadería extensiva o ciertos usos agrícolas, puede contribuir a reducir la continuidad del combustible y generar paisajes más resistentes al fuego". También Arnau Tolrà menciona la ganadería extensiva, así como la herbivoría en general como elementos que se pueden introducir en la gestión integrada del paisaje.La mirada puesta en el futuroSe trata en cualquier caso de un proceso lento con vocación de futuro. La tierra quemada tarda en recuperarse, el tiempo exacto depende de la intensidad del fuego, las especies quemadas y toda una serie de factores. En algunos casos, puede llevar años o incluso décadas, apunta María Melero. Por el momento, lo primero es extinguir los focos todavía activos. Una vez extinguidos, "es necesario hacer un diagnóstico riguroso de la superficie afectada, valorar los impactos con detalle e identificar qué áreas son las más sensibles para priorizar ahí las labores de restauración, las cuales deben ser mantenidas en el tiempo", explica la portavoz de WWF España. Las primeras tareas "deben ir encaminadas a la protección del suelo, que es el recurso más valioso", añade."Antes de actuar, merece la pena evaluar la capacidad de regeneración del ecosistema y preguntarnos si el incendio ofrece una oportunidad para construir un paisaje más heterogéneo y resiliente", recomienda por su parte Francisco Martín Azcárate. "En algunos casos eso puede significar favorecer estructuras más abiertas, con mayor presencia de pastos y menor continuidad de la vegetación leñosa, incorporar pastoreo allí donde resulte viable y evitar reconstruir paisajes especialmente propensos a incendios de alta severidad".En el medio y largo plazo, la atención se presta en las masas forestales y en su grado de afección. En este sentido, Antonio Girona advierte de que "algunas zonas podrían no recuperar completamente la funcionalidad ecosistémica previa a los incendios", incluso si a nivel visual puede parecer que lo han hecho. Por el contrario, "otras sí podrían hacerlo a largo plazo", señala. Todo dependerá del diagnóstico que se realice, apunta Melero.La técnica de Bosques de WWF España subraya así ese aspecto dramático de los desastres vividos este mes. Y es que "la desgracia es muy grande", debido a las "repercusiones significativas sobre los ecosistemas y la biodiversidad". No obstante, una vez las emergencias hayan sido debidamente atendidas, la catástrofe representa a su vez "una oportunidad para la restauración". Y a este respecto conviene reflexionar de qué modo puede ir encaminada hacia paisajes que, en el futuro, "estén mejor preparados y sean más resilientes frente a los incendios".
Los grandes incendios obligan a repensar el territorio: así se diseñan los paisajes mosaico para frenar el fuego
Los grandes fuegos que arrasan España suponen graves consecuencias sobre los ecosistemas y la biodiversidad.














