En estos días tórridos en que los incendios arrasan decenas de miles de hectáreas de bosque por toda España, matan a personas que combatían contra ellos o solo intentaban escapar del horror, calcinan viviendas y obligan a desplazar a miles de personas de sus residencias, muchos ciudadanos solo pueden contemplar paralizados la tragedia desde la distancia de una pantalla. Atrincherados con el aire acondicionado o los ventiladores, en tiempos que m...

uchos ya denominan piroceno, es difícil comprender la violencia de esta nueva generación de incendios... a pesar de que las llamas den pánico incluso a través del televisor y que lluevan cenizas en las grandes urbes. Por eso, es la literatura, quizá, la que permita abrir cauces para un mayor entendimiento. Varios libros publicados recientemente pueden ayudar a comprender las dimensiones del problema, la inconsistencia de algunas políticas antiincendios y, sobre todo, que la tragedia continúa para las víctimas incluso años después de que todo haya quedado reducido a cenizas. Es siempre igual, desde la taiga canadiense hasta los bosques de Suecia, sin olvidar las azotadas tierras castellanas.

Nos encontramos en el piroceno, la edad del fuego, en la que los incendios resultan más explosivos, arden con mayor intensidad, se vuelven más difíciles de extinguir. “Ya nunca más habrá seguridad”, advierte el escritor John Vaillant (Cambridge, Massachussets, 62 años), autor del que posiblemente sea el más impresionante y revelador libro sobre los grandes incendios, basado en el que afectó en 2016 a Fort McMurray, el centro neurálgico de la industria petrolera canadiense, y que obligó a desalojar en una tarde a 88.000 personas. Un libro que también aborda las consecuencias psicológicas para las víctimas: “Nada te prepara para eso, no solo se quema tu casa, tu calle, tu vecindario, tu ciudad, sino tu identidad, todos los testimonios de tu vida, es un daño muy primario, un asalto completo, una vorágine en la que todo desaparece, lo que se quema es también tu memoria”.