Las llamas devoran bosques, cultivos y vidas. Los incendios no dejan solo ceniza, sino también impotencia ciudadana. Como tras la dana de Valencia, nadie dimite, nadie asume responsabilidad. El poder observa desde lejos, imperturbable, mientras el territorio se consume. Se habla de sequías históricas, olas de calor sin precedentes, falta de prevención…, pero las palabras se diluyen frente al desastre. Los gobiernos emiten comunicados y promesas vacías. La sociedad observa, hastiada, cómo se repiten los mismos patrones de negligencia. El fuego es un espejo: refleja la fragilidad del ecosistema y la incapacidad institucional. Nadie dimite, nadie explica cómo se llegó a este punto. España arde, y la ausencia de responsabilidad quema también la confianza en quienes nos gobiernan.

Sergio de Fuente Garrido. Alcorcón (Madrid)

Ahora que muchos insensatos están jugando a los soldaditos, conviene ver el documental Bergen-Belsen: lo que encontraron. Te deja el cuerpo y el alma destrozados. Son apenas 40 minutos de imágenes inéditas grabadas por dos soldados británicos al llegar al campo de exterminio de esa localidad alemana en los estertores de la II Guerra Mundial. Estremece lo que es capaz de hacer el ser humano, adónde llega su degeneración. Lo que más me impacta es la actitud de los soldados nazis obligados a enterrar a los miles de hombres y mujeres asesinados por ellos mismos. Son rostros y gestos desprovistos de cualquier sentimiento. Autómatas trasportando de un sitio para otro cadáveres como muñecos de trapo. Los cuerpos esqueléticos no se diferencian demasiado de los que estamos viendo en Gaza en estos días. Si las vemos en blanco y negro y sin sonido, hasta son idénticas.