Vaya por delante nuestra solidaridad con quienes sufren los efectos de este incendio: miles de afectados y personal que lucha sin descanso contra el fuego. No se conoce cuándo y dónde brotarán los incendios; sí se sabía que este año, como el pasado y el siguiente, pueden ser graves. Las olas de calor en un contexto de cambio climático actuarán de espita de los fuegos que acompañarán nuestras vidas. Por eso entristece que gobiernos de las CCAA declaren en sus pactos de gobernanza que son enemigos acérrimos del medioambiente, el monte lo es.El fuego asciende a las montañas. Las administraciones no han vigilado la proliferación de urbanizaciones en las sierras circundantes a Madrid: el oscuro epítome de la dejadez. Los incendios arrasan la vegetación del suelo, matan la biodiversidad y lanzan al aire tantas partículas finas que dañan la salud de poblaciones cercanas y alejadas, en este caso Madrid. Hasta ahora se han quemado en España más de 150.000 has. ¿Quién sabe cuántas se calcinarán este verano?, y los siguientes. Hay que reconocer que algunos incendios son capaces de generar su propia meteorología –no la culpen de la desgracia porque rediseña su eterna entropía- y de sobredimensionarse y propagarse a velocidades muy superiores a las conocidas. Este supuesto aleja "la capacidad de extinción", lo hemos visto ahora. Ningún gobernante admite sus omisiones, pero todos son corresponsables. Menos mal que se implican en socorrer a los perjudicados.Este gran incendio debe convertirse en el prólogo de una gobernanza diferente. La sociedad ha de educarse en la cultura del riesgo: valorar los recursos personales y materiales para apagar los incendios especialmente graves, que llegan cada vez antes a los pueblos y ciudades; asegurar que todas localidades dispongan de planes preventivos y de orlas de defensa periurbana, con concejalías de Prevención de catástrofes naturales - también ante posibles inundaciones- que gestionen los necesarios protocolos. Sabemos que seis de cada diez has de monte en España se encuentran en riesgo muy alto o extremo de quemarse. Los gobiernos de las CCAA han de anticiparse a los riesgos. Acaso sobra alguna consejería y falta la de Prevención de Riesgos Naturales. Hay que revertir que por cada euro que se gasta en prevención se destinen cinco a extinción. Y sobre todo primar la educación ambiental de la ciudadanía: de nadie es el monte y todos debemos protegerlo.Coda: ¿Y si el cambio climático fuese la Emergencia Nacional?