Cada verano, cuando se suceden los incendios forestales, y especialmente cuando se producen víctimas mortales, la sociedad busca responsables. Es una reacción comprensible, pero no resolverá el problema, las dudas, los temores... Tras el mayor incendio de la historia reciente de nuestro país (incendio 3x1 de Ávila–Toledo–Madrid, 2026) y el más mortífero en la historia reciente (Los Gallardos, Almería, 2026), de ver la destrucción de ecosistemas y viviendas uno se pregunta si la sociedad escucha (lee) cuando los profesionales hablan (escriben). Y es que, sin plantear las preguntas adecuadas, resulta imposible encontrar certidumbres. Por ello, tal vez la pregunta más importante sea ¿qué hacemos para intentar que no vuelva a ocurrir?
Las víctimas mortales de Almería han recordado con crudeza que los Grandes Incendios Forestales del siglo XXI ya no son únicamente un problema ambiental. Son un problema de protección civil de primera magnitud. Vaya por delante el pésame y el ánimo a las familias de las víctimas, a sus amistades y a todas las personas que los querían. Pero lo peor que puede hacer la sociedad es no aprender nada de esta pérdida. Y eso vale para la DANA de València, o para el incendio forestal de Almería. Por fortuna, y por el buen hacer de los servicios públicos de emergencia (#SonTusImpuestos), en el incendio 3x1 no ha habido que lamentar daños personales. Pero ¿queremos seguir tentando a la suerte?







