Cada gran incendio forestal deja tras de sí un paisaje quemado, personas afectadas y una comprensible necesidad de encontrar explicaciones. Vaya por delante la solidaridad para quienes lo han padecido y, especialmente, para quienes lo han combatido. También deja un espacio fértil para los oportunistas de la desinformación. Antes incluso de que se conozca la causa del fuego, las redes sociales se llenan de mapas sin contexto, supuestas conspiraciones y responsables elegidos de antemano. Desde la agenda 2030 (que muchos no han leído siquiera) hasta los ecologistas, la ristra de culpables y barbaridades se multiplica…
Como ejemplo (desgraciadamente hay muchos más), una de las burradas más repetidas afirma que “se quema el monte para instalar placas solares o aerogeneradores”. La frase funciona porque ofrece una explicación sencilla, un culpable reconocible y una indignación inmediata. El problema es que es falso y omite el marco jurídico.














