El precio del petróleo vuelve a tocar los 100 dólares el barril y el del gas natural en Europa se dispara al nivel más alto desde que empezó la guerra de Irán. El coste de la energía vuelve a ser un motivo de preocupación en la zona euro pero el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este jueves no avanzar en las subidas de tipos y dejarlos en el 2,25%, después de que en junio ejecutara el primer incremento en tres años. El renovado encarecimiento de los combustibles a causa del conflicto bélico en Oriente Próximo promete seguir alimentando la inflación, una vez ha sido enterrado el alto al fuego. El Consejo de Gobierno del BCE ha optado en su reunión celebrada en Fráncfort por hacer una pausa aunque lo hace casi con resignación, asumiendo que el impacto del shock energético va a durar meses —si es que no va a más— y que aún llevará algo de tiempo ver la plenitud de sus efectos. Así, el terreno queda abonado para una nueva subida de los tipos en septiembre que los inversores prevén ya de forma unánime. “La perturbación energética podría intensificarse aún más y sus efectos sobre otros precios y sobre los salarios podrían ser mayores de lo previsto actualmente”, ha reconocido Christine Lagarde. La banquera francesa ha abierto también la puerta a salir de la institución antes de que finalice su mandato en octubre de 2027, pero ha asegurado que no abandonará la presidencia antes del próximo año. Unas declaraciones que llegan después de que ella misma insinuara su salida anticipada para dar el salto a la política francesa. “Cuando hay nubes en el horizonte, el capitán sigue en el barco”, ha defendido. Y esos nubarrones se hacen cada vez más evidentes. De hecho, el BCE calcula que el shock energético actual mantendrá la inflación en la zona euro por encima del objetivo del 2% durante todo el primer semestre del año próximo. “La incertidumbre sigue siendo elevada y el impacto inflacionista de la perturbación energética no se ha materializado aún plenamente. Por tanto, el Consejo de Gobierno vigila de cerca la intensidad y la duración de la perturbación, así como sus efectos indirectos y de segunda vuelta”, señala el comunicado del BCE emitido tras la reunión. En él también reconoce que las perspectivas de precios de la energía son muy volátiles, aunque aún próximas al escenario de referencia que presentó el Eurobanco en sus previsiones macroeconómicas de junio, cuando elevó su estimación de inflación para este año al 3%. Por el momento, Lagarde asegura que no se detectan efectos inflacionistas de segunda ronda, tales como un alza de salarios, que serían la prueba definitiva del inicio de una espiral inflacionista. La banquera ha afirmado que ni siquiera hay señales emergentes de ello, aunque el BCE va a hacer una vigilancia exhaustiva de la evolución y perspectivas de los precios del petróleo y del gas natural, materia prima muy sensible para la economía europea. La energía preocupa, y mucho, al BCE. Hasta el punto de que en el debate mantenido en el Consejo de Gobierno del banco algunos gobernadores se han preguntado si sería necesario subir ya los tipos, según ha reconocido Lagarde. La decisión de mantenerlos sin cambios ha sido en todo caso unánime, aunque tomada bajo la evidencia de que los acontecimientos en Oriente Próximo no permiten pensar en una rápida solución que abarate la energía. La presidenta del BCE ha reconocido que el escenario más benigno que dibujó el banco en sus previsiones de junio, con un descenso de la energía gracias a la resolución del conflicto, es “bastante improbable”.El BCE ya avanzó entonces, como principal argumento para el incremento de los tipos, que la guerra en Oriente Próximo estaba generando presiones inflacionistas y la realidad mes y medio después es que el conflicto está lejos de solucionarse, al tiempo que el precio de la energía ha ido a más. La tregua no ha calado, EE UU e Irán han retomado las hostilidades y, además, ha surgido un factor de riesgo añadido que amenaza con hacer aún más caótica la situación en una zona del planeta crucial para el abastecimiento energético. La entrada en escena de los hutíes con su amenaza de bloqueo del estrecho de Bab el Mandeb —este jueves han atacado a dos petroleros saudíes— puede minar las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí, que ha contado en los últimos meses con una valiosa alternativa al estrecho de Ormuz para dar salida a su producción de petróleo a través del mar Rojo. El escenario más inmediato apunta a un petróleo y gas más caros, sin ninguna perspectiva por el momento de regreso a la normalidad en el suministro. En definitiva, a una energía más costosa, capaz de desatar una espiral alcista en los precios y de calar en toda la cadena de producción, pasando por los alimentos, los servicios o los salarios. En el recuerdo reciente está la descontrolada escalada de precios que llegó con el estallido de la guerra de Ucrania, sumada al descorche de la actividad económica que siguió a la parálisis por la pandemia y que forzó un alza acelerada y dolorosa de los tipos de interés por parte del BCE. Con el inicio de la guerra de Irán, Lagarde aseguró haber aprendido del pasado. Ahora el BCE afronta el reto de analizar con acierto el alcance que una energía más cara puede llegar a tener en el conjunto de la economía, con el riesgo además de sacrificar el ya débil crecimiento de la zona euro con subidas de tipos preventivas si la inflación finalmente es solo puntual. El último dato de IPC de la zona euro —que descendió en junio al 2,8% desde el 3,2% de mayo tras cuatro meses consecutivos de ascensos— no permite sacar conclusiones fiables ante un entorno geopolítico volátil, capaz de cambiar de un extremo a otro en cuestión de días. “En la actualidad, los precios del petróleo se sitúan en torno a los 100 dólares por barril. Los precios del gas en Europa han subido aún más drásticamente. Si se mantuvieran, una crisis de los precios de la energía de tal magnitud sería demasiado grave como para que el BCE hiciera caso omiso de ella, por lo que volvería a subir los tipos en septiembre”, afirma Felix Feather, economista de Aberdeen Investments, que recuerda que, por lo general, el BCE prefiere modificar los tipos en las reuniones de actualización de las previsiones.El BCE ha defendido este jueves que “continúa estando en una buena posición para navegar la incertidumbre causada por el conflicto y aplicará un enfoque dependiente de los datos, en el que las decisiones se adoptan en cada reunión, para determinar la orientación apropiada de la política monetaria”. Una vez más, evita anticipar próximos movimientos, en una política de comunicación por la que Lagarde asegura que prefiere hablar no de forward guidance sino de orientación macro (framework guidance). El mantra del BCE es ir reunión a reunión y decidir según el análisis sesudo de los datos, pero el mercado ya descuenta de forma abrumadora un alza de tipos de interés en septiembre, una expectativa que se ha acelerado en los últimos días al ritmo de la subida del petróleo y que se refleja en el incremento de rentabilidades de los bonos europeos. Septiembre apunta, por tanto, a ser el momento para continuar en la política de contención de la inflación, coincidiendo además con la revisión trimestral de las previsiones de crecimiento y precios del BCE. En junio, ya elevó su estimación de IPC para este año del 2,6% al 3%, al tiempo que rebajó ligeramente la de crecimiento al 0,8%. Recogió además un escenario adverso que comienza a parecerse al actual, con un gas en los 60 euros el megavatio —nivel al que ya cotiza— y un brent en los 122 dólares. En ese caso, y mientras no haya nuevos ajustes de previsiones, el año acabaría con una inflación del 3,3% y el PIB se encogería al 0,7%, mientras que los precios aún crecerían al 3% en 2027, con un alza del PIB del 0,9%.Cuenta atrás de Lagarde en el BCEChristine Lagarde también ha sugerido este jueves, con una claridad poco vista hasta ahora, que no agotará su mandato en la presidencia del BCE, que finaliza en octubre del año próximo. Desde hace meses se especula con su salida anticipada, con la expectativa de que pueda ser el presidente francés Emmanuel Macron quien participe en la elección de su sustituto antes de que se celebren las elecciones presidenciales en el país, previstas para la primavera. Lagarde abrió la puerta a esta salida anticipada a principios de este mes, al mostrarse abierta a esa posibilidad en una entrevista concedida al diario galo Les Echos. Y hoy ha sido más explícita al afirmar que descarta salir antes de 2027, con lo que se mantendría en el cargo al menos durante este año. “Cuando hay nubes en el horizonte, el capitán sigue en el barco”, ha asegurado. Lo que no quita que pueda renunciar a su mandato a principios de 2027 para dar el salto a la política francesa. “Creo que es necesario que se escuche una voz europea en el debate presidencial francés”, afirmó a principios de mes.
Lagarde mantiene tipos y deja la siguiente subida para septiembre: “El ‘shock’ energético puede intensificarse”
El encarecimiento de la energía presiona al BCE para mover ficha en la próxima reunión. La presidenta del Eurobanco sugiere su marcha anticipada aunque no antes de 2027














