Reportaje Audaz con Lucía Lagarroiti, que tiene 3 tiendas 'Maritxu' en Londres donde vende tartas de queso vascas.Manuel VázquezA lo mejor el secreto está en la figurita de san Pancracio que preside discretamente cada uno de los locales que La Maritxu tiene en Londres. La madre de Lucía Larragoiti Fischer (Bilbao, 31 años) le dijo que era imprescindible acogerse al santo para que un negocio de hostelería tuviera éxito. El suyo ha sido arrollador. Cada día vende unas 400 tartas de queso. Los fines de semana, 500.Conocida como la basque cheese cake (tarta de queso vasca) en medio mundo, pocos se resisten al sabor y la cremosidad de la legendaria tarta creada en 1990 por el bar La Viña de San Sebastián. Los puristas siguen refiriéndose a ella como la “tarta de La Viña”. Y su receta no es la de la coca-cola. Está al alcance de cualquiera en internet. El éxito de un negocio así es elegir la ciudad, el momento y la estrategia de redes sociales. Crear la necesidad que los clientes aún no sabían que tenían.“Habíamos hecho la tarta en casa, con mi familia, un montón de veces. No somos unos grandes cocinitas, pero somos de buen comer. Pero es una tarta tan sencilla… Puedes buscar la receta online. Y ya te digo que la nuestra no tiene ningún secreto. Queso crema, nata (cuanta más grasa tenga la nata, mejor), azúcar y huevos. No nos importa compartir la receta, es bien sencilla. Pero es cierto que hay trucos que solo vas adquiriendo con el tiempo y la experiencia. Es esencial una buena cocina, un buen horno, una buena preparación, el reposo necesario…”, explica Larragoiti a primera hora de la mañana en la tienda de Connaught Village, al norte de Hyde Park.Fue la primera que abrieron ella y su marido, Ignacio Gómez-Escalonilla, a finales de 2023. En la planta de abajo montaron el obrador original. Fue en esa calle chic de Londres donde se formó la primera cola de clientes, ansiosos por probar sus tartas, que dejó a Lucía con la boca abierta. La historia de ese éxito, sin embargo, se fraguó mucho antes, a base de tesón, inteligencia, estrategia y arrojo. Y quizá con la suerte aportada por san Pancracio.Después de estudiar Arquitectura en Pamplona y pasar un año en Ciudad de México, Lucía quiso quedarse en ese continente. Fue la madre, de nuevo, la que intercedió para que volviera. Ya tenía a otra hija, María (la Maritxu original), en Quito, Ecuador. Al menos, le pidió, no salgas de Europa. Eligió Londres, donde se mudó con su marido. Enseguida comenzó a trabajar en un estudio de arquitectura.Su hermana le contó cómo triunfaba en las reuniones de amigos, al otro lado del Atlántico, con su tarta de queso vasca. Hasta el punto de comenzar a aceptar encargos y montar un pequeño negocio: La Maritxu.Lucía e Ignacio ya habían comprobado ellos mismos, en diferentes restaurantes de la capital británica, lo popular que era un postre que para ellos resultaba tan familiar. Decidieron probar. El Reino Unido facilita mucho las cosas a la hora de montar un pequeño negocio. Venderían tartas de queso previo encargo. Todo se haría en la cocina de su pequeño apartamento. Se anunciaban por el boca a boca, entre la comunidad española en Londres. A través de grupos de WhatsApp. Con una pequeña cuenta en Instagram, de apenas 1.000 seguidores. Y con la venta en la calle.“Veíamos la cara de la gente cuando la probaba, que es el mejor modo de averiguar si el producto va a tener éxito o no. Y todos nos decían que estaba muy buena. Al principio fue muy lento. Yo seguía en el estudio de arquitectura, recibía los pedidos y los preparaba por la noche. Al día siguiente, entre las cinco y las nueve, los entregaba. Así durante dos años. Llegó un momento en que alcanzamos la cifra de 100 tartas a la semana. Ese fue el momento crítico”, recuerda Lucía.“Hay un mercadillo en el barrio de Chiswick que está especializado en todo tipo de quesos, aunque también tiene puesto de mac & cheese (macarrones con salsa de queso) y de bocadillos de queso a la parrilla. Nos invitaron a participar un domingo, con un puesto. Llevamos 16 tartas. Se acabaron en una hora y media. Insistieron en que fuéramos el fin de semana siguiente, y mi marido, que está un poco loco, ya dijo que para esa ocasión debíamos llevar 60 tartas”, explica, sin perder la sonrisa pero sin disimular tampoco el vértigo que le produce recordarlo.Para cuando decidieron abrir la primera tienda, un obrador con venta directa al público en Connaught Village, no las tenían todas consigo. Son muchos los que han pasado por la experiencia de abrir las puertas de un comercio y esperar, con ansia y frustración acumuladas, a que alguien entre.Hasta que una plataforma que gestionaba a influencers gastronómicos en Instagram les ofreció sus servicios. Se los enviaría a la tienda, para que a cambio de un trozo de tarta y de un café publicaran algo en sus cuentas. El primer mes, gratis. Luego, una pequeña suscripción. Uno de esos posts, el de una chica que viaja por todo el mundo para visitar restaurantes y hoteles, consiguió tres millones de visitas.El día de Reyes de 2024, más de 40 personas hacían cola en la calle para comprar su trozo de tarta de queso vasca. “Después de la primera publicación que resultó tan viral, me escribieron de Secret London. Luego contactó conmigo el chico pelirrojo de eatingwithtod, muy famosete aquí en Londres y muy gracioso. De modo orgánico, nos comenzaron a escribir influencers. Ahora somos 50 empleados, con cuatro tiendas. Y lógicamente, tenemos alguien dedicado solo a las redes sociales”, admite sin rubor Lucía.La Maritxu London (así quedó con su hermana en llamar al negocio) vende hoy a particulares, a grandes tiendas y a restaurantes. En su obrador principal tiene capacidad para elaborar hasta 1.500 tartas diarias. Han hecho algunos ensayos con éxito, como la tarta de tiramisú, la de queso y pistacho o la de queso manchego en colaboración con García Baquero.Pero Lucía Larragoiti entiende que la clave de su aventura ha radicado en dotar de un sello propio a un producto que ya era patrimonio universal, y en no despistarse: “Vimos desde el principio que los negocios que solo tienen un producto son un éxito. Cuando la gente entra a la tienda, es compra asegurada. Cuando tienes muchos productos, ocurre como con Netflix, que te puedes pasar 15 minutos viendo todas las series y películas que ofrecen y al final no eliges nada”, explica.
La Maritxu London o cómo la capital británica se rinde a la tarta de queso vasca
Lucía Larragoiti empezó recreando la receta clásica del bar donostiarra La Viña en su casa en Londres. Hoy tiene cuatro locales y vende 400 tartas al día












