La buena noticiaAnte un pueblo cansado y abatido, ¿seremos parte del problema o parte de la respuesta?

El Evangelio de Mateo 9,36–10,8 comienza con una imagen inquietante: Jesús contempla a las multitudes y las ve “extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor”. No es una mirada superficial. Es la mirada de quien descubre el sufrimiento escondido detrás de los rostros, las estadísticas y los discursos. Es una mirada que desenmascara la realidad.

Si Jesús recorriera hoy Guatemala, difícilmente encontraría una imagen distinta. Los datos más recientes sobre la situación nacional describen un país exhausto. La mayoría de los ciudadanos considera que Guatemala va por un rumbo equivocado. El costo de la vida es ya la principal preocupación de los hogares. Casi la mitad de las familias reconoce haber enfrentado momentos en los que no tuvo dinero suficiente para comprar alimentos. La inseguridad continúa creciendo en la percepción colectiva y miles de personas siguen viendo en la migración la única salida posible para construir un futuro digno. No son simples indicadores. Son señales inequívocas de un pueblo herido.

Por eso, este Evangelio posee una fuerza profética extraordinaria. Jesús no se limita a sentir lástima. Identifica una causa: las ovejas están abandonadas porque quienes debían cuidarlas no han cumplido su misión. Detrás del cansancio del pueblo existe una crisis de liderazgo. Esta denuncia es actual.