José Luis Rodríguez Zapatero ha pasado a engrosar la interminable lista de corruptos (presuntos o condenados en firme) tras el auto de la semana pasada que le investiga por numerosos delitos. Lo más grave, para mi gusto, no es el daño a la imagen de España, que lo es, sino el mensaje que de nuevo se traslada a la ciudadanía, en especial a los más jóvenes.De alguna manera de las noticias de estos días de la trama y el nivel de vida de Zapatero –viajes, comidas y casa con piscina–, consecuencia de las altas responsabilidades que ha tenido en diferentes instituciones, se colige que para triunfar hay que robar. La asociación es inmediata. Nivel de vida o magistraturas poderosas son consecuencia de saltarse la ley.Y esa vinculación de triunfo profesional con falta de escrúpulos tiene tres consecuencias nefastas para cualquier sociedad que aspira a estar conducida por la meritocracia y el bien común. La primera es que se elimina la motivación de servir desde lo público a tu país. Quién en su sano juicio ahora se quiere preparar para entrar en un mundo como la política o presentarse a las elecciones para defender su territorio. Pero también quién, por mucha inteligencia que tenga, querrá ser juez, fiscal o alto funcionario si ha de lidiar con estos casos que fulminan el prestigio además de estar sujeto a presiones impensables.La segunda derivada de este penoso tema es que parece que el éxito solo se alcanza con atajos corruptos. Cuando la realidad que yo conozco por mi trabajo es que todos esos triunfadores, bien profesionales que dirigen compañías, bien empresarios, siempre lo son por su preparación, altas capacidades y jornadas interminables. Nadie llega a ser CEO o dueño de una empresa que arrasa con sus productos o servicios por casualidad o por haber dado una patada a la ley o a un colega. Al revés, los que más alto llegan suelen ser los mejores.La última consecuencia es la deslegitimación de este sistema democrático que ha generado estos subproductos, por acción o por omisión. Muchos jóvenes que no vivieron la Transición solo saben que esta Constitución ha permitido que políticos en el poder, o al salir de él, se lucren de manera ilegal. Y esta Carta Magna no ha sido capaz de evitarlo, por mucha UCO o UDEF que veamos en las noticias, cuando ya es tarde porque llevan años delinquiendo.Nunca les perdonaremos a esa lista interminable de políticos corruptos que con sus robos estén lesionando no solo la democracia española sino que estén privando de un mejor futuro a nuestro país alejando de los público a los mejores pero también desmotivando a que un joven crea en su méritos y capacidades para llegar donde quiera en una empresa o en la vida.