El �ltimo esca�oZapatero y S�nchezActualizado Viernes,

mayo

23:11Audio generado con IADada la contundencia de los indicios delictivos que imputan a Zapatero, y que no invitan a poner la mano en el fuego por sus cejas, el sanchismo ha optado por defender al ex presidente circunscribi�ndose a su labor en el Gobierno, desde el que supuestamente dej� un legado de decencia moral y avances sociales. De Zapatero, como de Pujol, nos dicen que lo que importa es su �obra pol�tica�. El resto, peque�os deslices privados. A esta reivindicaci�n del imputado contribuye la desmemoria colectiva de la sociedad de la aceleraci�n, donde el presente se consume a la velocidad de un meme y el pasado que se recuerda no pasa de anteayer. Por lo que conviene hacer un ejercicio de memoria -esta s�- hist�rica sobre lo que fue su Gobierno: recuper� la dial�ctica de la Guerra Civil, acabando con el pacto de la Transici�n; foment� la alianza de la izquierda y el nacionalismo catal�n para expulsar al PP de la vida institucional; propici� la crisis estatutaria catalana al prometer que aceptar�a el texto surgido del Parlament para luego echarse atr�s; neg� la crisis financiera de 2008 hasta que, alarmados, Merkel y Obama le obligaron en 2010 a asumir, ya sin margen, una dr�stica pol�tica de austeridad; blanque� al brazo pol�tico de ETA hasta convertirlo en socio preferencial del PSOE.Todos estos �logros� son los que ahora ensalza el socialismo para mantener al cad�ver de Zapatero erguido sobre su caballo, sin comprender que representan otro tipo de corrupci�n, sin duda legal y que no tiene el riesgo de acabar llev�ndote ante el juez, pero que resulta m�s da�ina a la larga para el sistema democr�tico, al ser una corrupci�n que corrompe moralmente, utiliza al Estado y las instituciones para alcanzar sus intereses particulares y normaliza la disoluci�n de la barrera, imprescindible en democracia, entre la esfera p�blica y la privada.Este otro tipo de corrupci�n �legal�, con el aval ideol�gico de los ciudadanos o su c�mplice indiferencia, es el punto de encuentro entre S�nchez y Zapatero: una pol�tica de progreso particular y partidista que, en el caso del sanchismo, coloniza organismos te�ricamente neutrales como la Fiscal�a, el CIS o el Banco de Espa�a, compra voluntades mediante subvenciones, redes clientelares y mecanismos de presi�n, y subordina empresas estrat�gicas como Indra y Telef�nica para prevalecer en el cargo. Una corrupci�n de Estado que, aun sin el morbo folletinesco de �balos y sus sobrinas, ser� el legado m�s da�ino y longevo que dejar� S�nchez, igual que lo fue para Espa�a la herencia sectaria de Zapatero.