Otra bomba en el corazón del PSOE. La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por organización criminal, falsedad y tráfico de influencias ha devuelto a los socialistas y al Ejecutivo de Pedro Sánchez a la zozobra de los peores días. Las caras de este martes en Moncloa tras el Consejo de Ministros hablaban por sí solas para evidenciar que el golpe al expresidente supone, en realidad, un mazazo durísimo para todo el partido, para el Gobierno, para Pedro Sánchez e, incluso, para el conjunto de la izquierda.
Durante gran parte de este martes, de hecho, en el Ejecutivo se contuvo la respiración. Las primeras noticias que llegaban de la Audiencia Nacional desataban un terremoto de primera magnitud, porque el juez definía a Zapatero como “líder de una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias”. Una terminología que hacía temer lo peor antes de conocer el contenido del auto y que retrotraía incluso a las sensaciones vividas cuando estalló el escándalo de Santos Cerdán.
Sin embargo, el paso de las horas contribuyó a calmar las aguas. Según fuentes de Moncloa, el presidente y su equipo dedicaron la tarde del martes a analizar en profundidad el auto del juez Calama. Y la conclusión, según esas mismas fuentes, en que no hay argumentos suficientes en ese escrito del juez para concluir que Zapatero delinquió. “Es un auto serio. Lo hemos analizado con detalle y estamos muy tranquilos después de leerlo”, aseguran en el Gobierno, donde sostienen que ese auto no aporta pruebas de que Zapatero incurriera en un delito de tráfico de influencias ni tampoco de que tenga vinculación societaria con el entramado empresarial a la que se investiga por blanqueo de capitales.










