La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero como cabecilla de una supuesta trama de cobro de comisiones ilegales es un duro golpe para el PSOE, pero también para las fuerzas situadas a su izquierda. Lo ha demostrado este miércoles Gabriel Rufián, que se ha erigido en voz de los socios del Gobierno de Pedro Sánchez después del torpedo en la línea de flotación que recibió el martes el jefe del Ejecutivo. El portavoz de ERC ha elevado el tono para exigir explicaciones a los socialistas, pero también ha acusado el desgaste anímico que ha supuesto la implicación del expresidente leonés en la investigación sobre el rescate de Plus Ultra. "Estoy jodido", ha admitido el político barcelonés antes de esgrimir desde su escaño el auto de 88 páginas emitido por el juez José Luis Calama este jueves. Rufián ha reconocido que no es "objetivo" ya que siente "un enorme respeto y un enorme afecto" por el exlíder del PSOE, que se ha convertido en una figura clave en el actual PSOE. El dirigente republicano ha aludido directamente al papel de Zapatero en la gestión de los indultos a los dirigentes independentistas del procès que "están en la calle y duermen en su casa en gran parte" por el expresidente. Al mismo tiempo, Rufián ha dado pábulo a las tesis que hablan de una "cacería judicial" para explicar la imputación de Zapatero por los delitos de tráfico de influencias, pertenencia a organización criminal y blanqueo de capitales, entre otros. "Esto no existiría si [Zapatero] no fuera un enorme activo judicial para la izquierda", ha abundado Rufián antes de afirmar que Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy "se lo merecen mucho más". "No 88, sino 188", ha espetado en alusión al escrito del juez de la Audiencia Nacional. "Tengo ojos en la cara; la izquierda somos otra cosa", ha defendido para regocijo de la bancada popular durante una sesión de control marcada por la investigación sobre el expresidente. "Si esto es verdad, es una mierda", ha dicho en alusión de nuevo al auto que no ha dejado de mostrar durante su intervención. "Merece una respuesta, tienen que entender que a mucha gente de izquierda esto le rompe el corazón", ha remachado. Gabriel Rufián se ha arrogado como voz de la izquierda radical en medio de la tibieza que demostraron el resto de socios del Ejecutivo, desde Sumar a Podemos, pasando por el PNV y EH Bildu. Ninguno ha comprometido su apoyo al Gobierno de Sánchez, aunque empiezan ya a oírse mensajes que admiten que el auto magistrado Calama tiene un sustento importante. Ahí encaja la pregunta que ha lanzado Rufián directamente al presidente del Gobierno. "¿Dónde acaba el lobbismo y empieza el tráfico de influencias?" El líder socialista le ha recordado que en el Congreso hay una norma encaminada a regular la acción de los lobbies y que forma parte de la respuesta del Ejecutivo de coalición a los casos de corrupción que circundan al PSOE, sobre todo el caso Mascarillas que provocó la detención de José Luis Ábalos, y la posterior trama liderada por Santos Cerdán. Después de su intervención, Rufián, en los micrófonos de la cadena Ser, reconoció haber hecho un "recorrido" que atribuye a "mucha gente progresista" ante el caso Zapatero. Comenzó, ha contado, pensando que era otro capítulo más de "una guerra judicial" antes de la lectura del auto. Y también ha reclamado al Gobierno que dé detalles del "préstamo" a Plus Ultra con la celebración de un "pleno monográfico" y explicaciones más allá de decir "estamos con Zapatero". Y ha admitido que la continuidad de la legislatura "dependerá" de cómo el PSOE afronte esta crisis. "Para mí ha sido la pregunta más difícil que he hecho en 10 años al Gobierno, Zapatero no es Santos ni es Ábalos", ha detallado Rufián que ha calificado al exlíder del PSOE como "un excelente expresidente en la normalización de la vida política". El dirigente republicano se ha mostrado a favor de regular "la figura de los expresidentes" y ha defendido que Zapatero renuncie a la retribución propia de los anteriores jefes del Ejecutivo, pero ha insistido que sus negocios deben estar sujetos a normas. Ha apuntado además que ni el lobbismo ni el cobro de comisiones no son "malos" per se, sino que el problema está en "cuándo trasciende el delito". La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero como cabecilla de una supuesta trama de cobro de comisiones ilegales es un duro golpe para el PSOE, pero también para las fuerzas situadas a su izquierda. Lo ha demostrado este miércoles Gabriel Rufián, que se ha erigido en voz de los socios del Gobierno de Pedro Sánchez después del torpedo en la línea de flotación que recibió el martes el jefe del Ejecutivo. El portavoz de ERC ha elevado el tono para exigir explicaciones a los socialistas, pero también ha acusado el desgaste anímico que ha supuesto la implicación del expresidente leonés en la investigación sobre el rescate de Plus Ultra.
Gabriel Rufián, sobre la imputación de Zapatero: "Estoy jodido, si es verdad, es una mierda"
El portavoz de ERC afirma que la investigación al expresidente responde a que es "un activo electoral de la izquierda", pero presiona al PSOE: "¿Dónde acaba el lobbismo y empieza el tráfico de influencias?"







