Cuando uno lee el auto del juez Calama, en el que imputa a José Luis Rodríguez Zapatero, le entran dudas razonables sobre dos cuestiones básicas. Una, que no queda nada claro cómo el magistrado de la Audiencia Nacional le sitúa en las primeras páginas en lo más alto de una banda organizada que trafica con influencias y blanquea capitales. El catedrático de Derecho Procesal de la UB Jordi Nieva escribía ayer en El País que “el auto hace una afirmación impropia en este momento procesal al señalar a Zapatero como líder de una trama”. Y dos, ¿hasta qué punto se habría cometido tráfico de influencias en el caso de que solo hubiera simulado haberlo ejercido, como sugiere el juez? Manel Pérez, adjunto al director para Economía, ha resaltado que en el texto dado a conocer “Calama considera el hecho de que Zapatero no deje rastro un indicio de su sobresaliente habilidad delictiva”. Aviados vamos sin no dejar rastro nos incrimina en un delito. Dani DuchAún hay otras cuestiones que hacen pensar que el magistrado ha ido demasiado rápido en sus deducciones. Ni los investigadores, ni el fiscal, ni el juez han podido determinar con quién contactó Zapatero para ejercer tráfico de influencias. Lo reflejaba en El Periódico Ernesto Ekaizer: “Entre las páginas 56 y 85, la última, no queda ninguna constancia de ‘los contactos institucionales y empresariales de alto nivel’ anunciados a bombo y platillo en la página 7, después de haber proclamado que Zapatero es el líder de la trama”. En el auto el magistrado no ha explicado a partir de qué ha llegado a tal conclusión.¿Se cometería tráfico de influencias aunque solo se hubiera simulado, como asegura el juez?Y todavía podemos preguntarnos cómo el encuentro de un directivo del puerto franco de Dubái con Zapatero, sin documentación que demuestre nada, hace presuponer al juez que hasta allí habría desviado parte del pago por sus supuestas influencias a favor de Plus Ultra..Seguramente por todo esto, en la Moncloa están más tranquilos, si bien están convencidos de que las presiones sobre el amigo –o pagador, según el juez– de Zapatero, a fin de que aporte pruebas incriminatorias, no serán pocas. Todos se juegan mucho en este caso que acumula más literatura (y ruido) que indicios. Al menos, de momento.
Dudas razonables, por Màrius Carol
Cuando uno lee el auto del juez Calama, en el que imputa a José Luis Rodríguez Zapatero, le entran dudas razonables sobre dos cuestiones básicas. Una, que no queda nada claro cómo el magistrado de la Audiencia Nacional le sitúa en las primeras páginas en lo más alto de una banda...













