Ciudad abiertaSu rehabilitaci�n en los �ltimos tiempos ha sido una de las operaciones m�s asombrosas, y obscenas, de la etapa sanchista El ex presidente Jos� Luis Rodr�guez Zapatero.EfeActualizado Mi�rcoles,
mayo
23:02Audio generado con IAEs muy posible que el auto del juez Calama suponga la segunda muerte pol�tica de Jos� Luis Rodr�guez Zapatero. Y conviene recordar que ser�a la segunda, porque el PSOE lleva a�os actuando como si la primera nunca se hubiera producido. Pero lo hizo. Cuando Zapatero dej� el poder era una figura desacreditada ante la opini�n p�blica, y hasta algo embarazosa para su propio partido. Su incapacidad para gestionar la crisis econ�mica, su implementaci�n de los primeros recortes de la era de la austeridad, el hecho de que Espa�a alcanzara los cinco millones de parados en sus �ltimos meses de Gobierno; todo eso hundi� su imagen ante los votantes. La desconexi�n lleg� al punto de que estallara algo tan at�pico como el 15M. Y el ex presidente lleg� a ser tal lastre para el PSOE que debi� anunciar que no se presentar�a a la reelecci�n; lo cual no impidi� que el partido cosechara sonoras derrotas en las elecciones auton�micas y en las generales.Por todo esto, la rehabilitaci�n de Zapatero durante los �ltimos tiempos ha sido una de las operaciones m�s asombrosas, y obscenas, de la etapa sanchista. El PSOE y sus aliados -incluso aquellos que se declaran herederos del 15M- decidieron ignorar por completo sus �ltimos a�os de Gobierno. Ni crisis, ni recortes: todo eso habr�a empezado con Rajoy. Tambi�n pasaron por encima de sus conexiones con el chavismo, que antes de ser potencialmente ilegales ya resultaban claramente inmorales. A cambio, se quedaron con lo que les era �til: la defensa cerrada que hac�a Zapatero de las alianzas del PSOE con separatistas y extrema izquierda. Frente a Felipe Gonz�lez, que ten�a el mal gusto de decir que los socialistas se equivocaban, Zapatero ofrec�a un discurso reconfortantemente tribal: la derecha es muy mala, la izquierda es muy buena y los nacionalistas son siempre aliados naturales del socialismo. Pocos como �l encarnaron el estilo especialmente hip�crita del sanchismo, ese que supedita cualquier estrategia o discurso a las necesidades del poder, pero luego expone su argumentario con tal solemnidad, con tanta superioridad moral, que parece que realmente creen lo que dicen. Uno se pregunta ahora si S�nchez acabar� lamentando haber rehabilitado a Zapatero; o si m�s bien espera que, alg�n d�a, un nuevo dirigente del PSOE haga lo mismo con �l.














