Una semana después del tsunami judicial que acabó en minutos con el prestigio de un presidente, sigo, como muchos españoles, preguntándome en qué momento José Luis Rodríguez Zapatero sufrió tal transformación que quienes le conocían, le conocíamos, no lo reconocemos en el auto del juez Calama. Lo han expresado estos días numerosos ex dirigentes socialistas: Felipe González, Javier Solana, García Page, Elena Valenciano, Susana Díaz y seguro que los de otros partidos piensan lo mismo, aunque no lo expresen.A mi me sigue costando, pero tendré que admitir que, aún con toda la presunción de inocencia por delante, la cosa pinta mal. Me pregunto cómo un expresidente como Zapatero, que puede exhibir una buena hoja de servicios, el matrimonio igualitario, el divorcio exprés, la reforma de la ley del aborto, la ayuda de 400 euros a los parados que hubieran agotado su cobertura de desempleo, la ley antitabaco, puede estar inmerso ahora en una investigación por ser, supuestamente, el líder de una trama dedicada al tráfico de influencias y al blanqueo de capitales. Creo que ni siquiera quienes no vieron con buenos ojos su aproximación al régimen de Maduro pudieron sospechar nada de esto.Sánchez debe contar su relación con el expresidente Zapatero en los últimos tiemposDónde está el presidente que en 2010, y para atajar la crisis de 2008 - que es verdad que vio tarde, lo mismo que apreció enseguida unos brotes verdes que no había - hizo lo que un presidente debe hacer cuando las cosas se ponen mal, muy mal: Tomar las medidas que se le exigían a España para recibir ayuda. Zapatero, atrapado en una crisis que se llevó por delante a muchos gobiernos en Europa, tomó medidas duras, muy duras, para no tener que adoptar después otras que supusiera sacrificios más duros, como ocurrió en Grecia o en Portugal. Lo resumió en una frase en el Congreso de los Diputados: “Voy a ejercer mi responsabilidad y voy a seguir el camino, cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”.Unos meses más tarde, Zapatero dejó de ser presidente y el PSOE perdió las elecciones. Pasó a engrosar la lista de “jarrones chinos”, como Felipe González llama a los expresidentes, porque son muy bonitos pero nadie sabe qué hacer con ellos. Con Zapatero parecía distinto. Un ex presidente sin protagonismo, que no se dedicaba a los negocios y formaba parte del Consejo de Estado. Le pegaba. Casi nadie sabía de él hasta que reapareció en la escena política junto a Pedro Sánchez. Muy pocos, parece ser, conocían de sus negocios, pero el protagonismo que asumió volvió el foco hacia él. Su proximidad a Pedro Sánchez debe ser explicada ahora por el actual presidente. Hasta qué punto era una persona de su confianza y le aconsejaba ¿como presidente, como secretario general del PSOE? Él no puede dar explicaciones a los ciudadanos porque está inmerso en una causa judicial. Su abogado le dirá que sólo hable ante el juez, y hará bien.Pedro SánchezDani DuchPero el actual presidente, Pedro Sánchez, sí debe dar explicaciones. No por los delitos supuestamente cometidos por el ex presidente, sino por su relación con él de los últimos tiempos. Si el Consejo de Ministros aprobó al rescate -concesión de dos préstamos- a Plus Ultra, hasta qué punto influyó la relación entre los dos presidentes para considerar estratégica a esta compañía. No basta con apelar a la presunción de inocencia, que todos los partidos invocan cuando es uno de los suyos el afectado, pero olvidan cuando el afectado es del otro partido. No se puede seguir apelando al lawfare como han hecho los socios del Gobierno, y menos inventarse enemigos imaginarios y hasta decir que Estados Unidos facilitó información sobre Zapatero, en la investigación, porque tiene interés en provocar una crisis de Gobierno en España.Llegados a esta situación, lo que sí se le puede pedir a Zapatero es que se explique el día 2 ante el juez, “cueste lo que le cueste”.Licenciada en Ciencias de la Información, rama de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, y licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas y de la Administración por la UOC. Formó parte de la redacción de 'La Vanguardia' entre 1992 y 2024, siempre en la sección de Política, donde se encargó del Parlamento y del PP, además de las informaciones de los Ministerios de Defensa y de Exteriores. Antes de incorporarse a 'La Vanguardia' trabajó durante siete años en la Agencia Europa Press, así como en 'Diario16' y el periódico 'El Sol', al que perteneció hasta su desaparición en 1992. Cuenta con varios premios de Periodismo como el Luis Carandell (2014), que otorga el Senado; el Josefina Carabias que concede el Congreso (2022) y el Premio del Ministerio De defensa de Periodismo Escrito (2016) por su reportaje, publicado en 'La Vanguardia' “La salvación se llama Canarias”
Explicaciones cueste lo que le cueste, por Carmen del Riego
Una semana después del tsunami judicial que acabó en minutos con el prestigio de un presidente, sigo, como muchos españoles, preguntándome en qué momento José Luis Rodríguez Zapatero sufrió tal transformación que quienes le conocían, le conocíamos, no lo reconocemos en el auto...













