El expresidente José Zapatero ha debido de salir convencido de que le había ido regular. Así lo indica su decisión de no comparecer ante los medios para tratar de recuperar algo del vasto territorio perdido ante la opinión pública y limitarse a emitir un comunicado donde anuncia -otro aplazamiento- más explicaciones públicas. Si le hubiera ido bien, su abogado, Moreno Catena, le habría levantado un poco más el silencio procesal escrupulosamente guardado hasta ahora. Quien calla otorga siempre ha resultado una mala estrategia de comunicación.

Que la Fiscalía pidiese la retirada del pasaporte y la comparecencia periódica invitaba a un pesimismo moderado. Se quedaba muy lejos del sueño húmedo para algunas acusaciones de verle ingresar en prisión. Incluso se antojaba una petición excesiva, pero, en cualquier caso, no pintaba bien para el acusado. Cuesta trabajo imaginar al expresidente Zapatero en alguno de los supuestos que justifican las medidas cautelares. Más que a riesgo de fuga sonaba a ajuste de cuentas por no haber respondido a sus preguntas.