Antes del lunes 18 de mayo en el que José Luis Rodríguez Zapatero recibió la citación para comparecer como investigado ante la Audiencia Nacional por graves delitos, hubo otro día horribilis en la vida del expresidente del Gobierno. Fue en agosto de 2011, cuando el gobernante que eludía las citas europeas para cenar en familia acabó aceptando el salvavidas que le lanzaba la Unión Europea a un alto precio: la reforma de la Constitución para limitar con un pacto con el PP el déficit que le imponía Angela Merkel.Esta contradicción da pistas sobre el político cuyo presunto papel, según el auto del juez, como vértice de una organización criminal, conmocionó ayer al país. En ese verano de 2011, Zapatero contó con el líder de la oposición, pero antes había avalado el Pacto del Tinell, por el cual los partidos de Cataluña, incluido el PSC, se comprometían a no pactar con el PP. Fue también el dirigente que jaleó a Carme Chacón y se pasó luego a Rubalcaba; y el que se alió con Susana Díaz frente a Pedro Sánchez para acabar siendo el as que el actual presidente se saca de la manga cuando vienen mal dadas…Pero nada enturbió la imagen impoluta de Rodríguez Zapatero para la militancia: el político que no pierde la sonrisa ni la calma, el impulsor de leyes, como el matrimonio igualitario, que han hecho historia, el referente de la pureza izquierdista, el que no se vendía al dinero, como el denostado Felipe González; el que echaba un capote a Pedro Sánchez, cuando Otegi o Puigdemont le pasaban la cuenta; el amigo de Delcy Rodríguez para poder mediar por los presos políticos… y también el de China, no se sabía muy bien para qué.Ahora, el pedestal se tambalea. ¿Cómo compaginar este perfil con los sórdidos detalles de un auto judicial que no presupone una condena pero contiene indicios demoledores? ¿Cómo digerir ver investigado por primera vez, en un escrito lleno de referencias a comisiones, sociedades off shore y testaferros, a un presidente del Gobierno?El PSOE debe dar explicaciones, aunque afronte el trago más amargo. Primero, porque no se trata de la denuncia de un sindicato de ultraderecha ni de una conspiración de jueces, como apuntaron ayer los portavoces, oficiales y oficiosos, del Gobierno. Nada más lejos de la realidad. La investigación comenzó cuando la Justicia española respondió a una comisión rogatoria de Francia y Suiza para seguir el rastro de un blanqueo de capitales procedentes de Venezuela. El juez cree que Zapatero pudo cobrar dos millones por mediar en el polémico rescate de la compañía aérea Plus Ultra, de capital venezolano, aprobado por el Consejo de Ministros, y señala su acción «directa» en operaciones internacionales en oro, petróleo, acciones y divisas.El expresidente lo niega todo, y le asiste el derecho a la presunción de inocencia. Sus compañeros acercan las manos al fuego sin haber leído el auto y, lo que es más raro, tras haberlo leído, aunque han empezado los desmarques. Por desgracia, hay experiencia en negaciones desmentidas por los hechos, así que se impondría la prudencia a la espera de la declaración de Zapatero, el día 2.El PSOE que ganó la moción de censura contra Rajoy con la bandera de la regeneración está atrapado en una maraña de casos basados, de entrada, en comportamientos reprobables éticamente, cuya calificación penal dirimirá la Justicia. Y no hay un signo de autocrítica sobre la falta de regulación del lobismo ni sobre la falta de controles contra la corrupción de la que alertan reiteradamente desde la Unión Europea. Al final, volvemos a un vicio de origen que, sí, obligará a la Justicia a no parar para perseguir cualquier delito.
Los días 'horribilis' de Zapatero que hacen temblar el andamiaje socialista
Gobierno y PSOE se escudan en la negación ante un caso demoledor.










