EditorialPedro S�nchez ha acompa�ado cada uno de los golpes contra el ex presidente con la misma respuesta: su �confianza�, y la del partido, en su inocenciaEFEActualizado Viernes,
junio
23:01Audio generado con IACinco meses han bastado para constatar el hundimiento del gran referente moral del PSOE. En el tiempo transcurrido desde que EL MUNDO revel� que Jos� Luis Rodr�guez Zapatero hab�a cobrado cantidades de su amigo Julio Mart�nez, detenido por el caso Plus Ultra, la ca�da ha sido continua y cada nuevo golpe ha resultado m�s demoledor que el anterior: el papel de comisionista internacional, los negocios con el chavismo, los viajes a China, y finalmente el esc�ndalo las joyas -tasadas en 1,3 millones de euros- halladas en la caja fuerte de su propio despacho.Pedro S�nchez ha acompa�ado cada uno de esos golpes con la misma respuesta: su �confianza�, y la del partido, en la inocencia de Zapatero. Con el objetivo de mantener prietas las filas, el presidente ha perfeccionado hasta el virtuosismo el arte de convertir lo intolerable en tolerable. Primero, con el silencio. Luego, con la menci�n a la presunci�n de inocencia como escudo. Y por �ltimo, cuando ya no queda otra salida, con la delegaci�n de responsabilidad: �Esa pregunta quien tiene que responderla es el se�or Zapatero, no yo�. As� contest� ayer en Bruselas cuando se le pregunt� si el ex presidente debe devolver las joyas al Estado, en el caso de que fueran, como sostiene ahora su entorno, un regalo de la monarqu�a saud�.La evasi�n tiene adem�s el m�rito de venir acompa�ada de una inexactitud. S�nchez atribuy� a Zapatero haber �aprobado una ley� que regulaba los regalos a altos cargos. No fue una ley, sino un c�digo de buen gobierno sin rango normativo, aprobado en 2005. La ley de transparencia que hoy obliga a incorporar al patrimonio del Estado los obsequios de relevancia institucional fue ratificada por Mariano Rajoy en 2013. Una nueva mentira que ilumina un patr�n: cuando los corruptos son los suyos, no hay responsabilidad alguna. Ni siquiera la de conocer los hechos antes de salir a defenderlos.Hay, adem�s, un elemento en esta causa que merece subrayarse con m�s firmeza de la que se le ha dedicado: las hijas de Zapatero. El juez Calama ha documentado que los pagos de la trama fueron a parar al ex presidente y a la empresa de sus hijas. Si hay una imagen que destruye el relato del �pacificador� altruista no es la foto del presidente de Plus Ultra con champ�n y ostras tras el rescate, sino la de un padre que, seg�n el instructor, habr�a utilizado a sus propias hijas como instrumento de blanqueo. Un verdadero ejercicio de inmoralidad que termina de destruir cualquier coartada exculpatoria.En un pa�s cuyo presidente ha borrado la responsabilidad pol�tica, lo inaceptable se nos pretende presentar como cotidiano. Pero, al margen de esa narrativa oportunista, lo importante es que la Justicia decidir�. No en funci�n de apelaciones emocionales ni actos de fe, sino bas�ndose en indicios, pruebas y hechos contrastados. El Estado de derecho persiste.











