Sin acritudAs� como la prostituci�n hundi� la honorabilidad de �balos, las joyas producen el mismo efecto en Zapatero: en los dos casos existe una actitud incontrovertible que contamina el resto del relatoEl ex presidente Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, este jueves en TVE.EFEActualizado S�bado,
julio
00:00Audio generado con IALa lectura del libro de Ketty Garat Todos los hombres de S�nchez, cuya investigaci�n arranca con la ca�da de Jos� Luis �balos, permite observar c�mo un dirigente pol�tico puede sostener durante meses una negaci�n cerrada, rechazar cualquier responsabilidad y presentarse como v�ctima mientras la acumulaci�n de hechos acaba por destruir su relato. Es dif�cil no pensar en esa secuencia al escuchar hoy al otro Jos� Luis: Jos� Luis Rodr�guez Zapatero.Con el paso del tiempo, la convicci�n con la que se defend�a el ex ministro dej� de reforzar su credibilidad para ser solo el reflejo de una estrategia de supervivencia, sostenida eso s� con un cuajo extraordinario.Ese mismo guion parece seguir ahora Zapatero. Niega cualquier participaci�n en el rescate de Plus Ultra y en el cobro de comisiones il�citas, atribuye las imputaciones a falsedades y, como hizo �balos, parece confiar en que la rotundidad del desmentido baste para contener el deterioro de su imagen. Pospone las explicaciones de fondo, proclama su absoluta inocencia y pone el acento en el da�o reputacional que est� padeciendo y en la vulneraci�n de algunos derechos fundamentales, como la intimidad o el secreto de las comunicaciones, denuncia en la que sin duda tiene raz�n.Sin embargo, hay un aspecto que destruye por completo su credibilidad: las joyas. Zapatero las reduce a un regalo de cortes�a de hace muchos a�os, una explicaci�n a�n por documentar que, como m�nimo, colisiona con el c�digo de conducta que �l mismo aprob� como presidente del Gobierno. Para sortear esa contradicci�n �tica, afirma que aquella norma admit�a otra interpretaci�n, si bien con la boca peque�a lamenta el error de aceptarlas.As� como la prostituci�n hundi� la honorabilidad de �balos, las joyas producen el mismo efecto en Zapatero. No porque sean comparables en su naturaleza, sino porque en los dos casos existe una actitud incontrovertible que contamina el resto del relato.La presunci�n de inocencia es irrenunciable y corresponde a la Justicia determinar responsabilidades. Pero la credibilidad se juega en otro terreno: el de la coherencia. Cuando un dirigente sacrifica su palabra para defender lo indefendible, cada una de sus explicaciones posteriores vale un poco menos.Ese es hoy el problema del otro Jos� Luis. Como ocurri� con �balos, no basta con proclamar la propia inocencia. Hasta ahora Zapatero est� siguiendo el mismo guion.










