Actualizado 25/07/2026 - 16:00h.

No hace falta ser muy sagaz para barruntar que las joyas que Zapatero guardaba en una caja fuerte, obsequio presuntamente de un jeque árabe, no eran para su deleite personal sino para su esposa, sus hijas –como si fuesen unas 'joyas de pasar'– o quizás ... para empeñarlas en el mercado negro. En todo caso, este episodio que hoy está en boca de todo el mundo, me ha traído a la memoria uno de mis cuentos favoritos, 'El collar', de Guy de Maupassant, que narra la historia de Mathilde Loisel, casada con un modesto funcionario del ministerio de lnstrucción Pública. Cuando el matrimonio recibe una invitación para asistir al baile que organiza el ministro, a ella le invade un júbilo secreto pero para estar a la altura de la cita recurre a una compañera de colegio, la adinerada madame Forestier, a quien le pide prestado un valioso collar, con la desdicha de perderlo esa misma noche en el baile. Nuestra protagonista, desesperada, para arreglarlo compra en una joyería otro similar, hipotecándose durante diez años en los cuales friega escaleras sin desmayo para sufragarlo. Mucho tiempo después se topa de nuevo con su vieja amiga, y al verla tan desmejorada, madame Forestier le cuenta la verdad: el collar era falso. Guy de Maupassant nos da así una lección magistral sobre cómo un rapto de vanidad puede arruinar una vida. Miguel Espinosa. Tarragona